Pues sí, has leído bien, caro lector: después de ocho años de artículos librojuegueros, roleros, de historia y de literatura en general, cierro la Fortaleza. En lugar de acudir a los tópicos a los que se suele aludir en estos casos, me gustaría hacer una invocación al dios Jano, ese ser bicéfalo al que consagramos nuestro primer mes (Januarius = enero) para pedirle que conceda a este sitio un fausto final, pues, como suele ocurrir, el final de un ciclo conlleva el principio de otro.
Hace tiempo que no actualizo el blog, y esto se ha debido a razones muy diversas con las que no voy a aburriros, pero principalmente una que diré más abajo. La pena es que no he podido cumplir con la promesa de digitalizar el libro prometido a principios de año, por la sencilla razón de que se me desencuaderna al abrirlo demasiado. Probé de varias maneras, pero no ha podido ser. No descarto, no obstante, subir algún día otro de Aventuras en la Tierra Media que tengo en penosas condiciones, aunque para mí no es una prioridad, ya que estoy inmerso en otros proyectos más interesantes y también relacionados con los librojuegos.
Mantendré el blog y la Biblioteca de Manpang para aquellos que quieran seguir descargándose los librojuegos descatalogados. Si alguien quiere hacerse cargo de ella, no tengo problema alguno en cedérsela para que la mantenga y la actualice con nuevos libros, pero, eso sí, me gustaría que siguiera recogiendo exclusivamente libros descatalogados, y no novedades; los librojuegos están resurgiendo, y flaco favor les haríamos si empezamos a subir los últimos lanzamientos de las editoriales. En cambio, considero una bonita labor recuperar los títulos de los 80-90 para que se puedan leer sin tener que gastar las barbaridades que se piden por ellos en eBay y otros sitios de venta y subasta.
Como dije al principio, este cierre solo es el final de un ciclo, pues seguiré luchando por los librojuegos en Librojuegos.org y como miembro de la asociación Dédalo. Creo que el único medio por el que los librojuegos pueden volver a ver la luz es gracias a la producción patria de nuevas obras y nuevos proyectos adaptados a los tiempos que corren, aprovechando y explotando los recursos que nos ofrecen las nuevas tecnologías pero sin olvidarnos del sempiterno papel. Por mi parte, habrá sitio también para los clásicos, pero tendrán menos protagonismo, ya que considero que necesitamos cosas nuevas para no quedarnos estancados, y lo he tenido claro desde que he visto el tremendo trabajo de Jacobo Feijóo al frente de Librojuegos.org, buscando siempre ampliar los ámbitos de aplicación del librojuego y dignificándolo como género, y el de Fernando Lafuente, que desde que salió aquel gran título, En la feria tenebrosa, tampoco ha parado de intentar (también con la ayuda de Jaco) que los librojuegos vuelvan a tener un sitio en las estanterías aportando calidad y mimo en todo lo que pasa por sus manos. Además, he conocido a otras maravillosas personas, como los chicos de Suseya y Saco de Huesos, que se suman a los esfuerzos de Nosolorol de hacer resurgir los librojuegos, y gente como Ruber Eaglenest, Pablo Martínez, Francisco Tapia, Santiago Eximeno, Joseto Romero, Miguel de Luis, Nadia Orenes... personas (perdonad que no os nombre a todos, pero igualmente sois geniales) con puntos de vista muy interesantes, con iniciativa, que me demuestran que se pueden conseguir cosas, que se puede construir un bonito futuro para este medio (algunos de ellos prefieren llamarlo género, viejo debate).
Por eso, antes de despedirme (solo de este blog), solo puedo recomendaros, a todos los que os gusten los librojuegos, que os unáis a la asociación Dédalo y/o a la comunidad de Librojuegos.org. Los clásicos de nuestra infancia seguirán teniendo un lugar privilegiado en nuestros recuerdos, pero os aseguro que hoy se están haciendo cosas de muchísima más calidad, y en España.
Así que ánimo y... ¡larga vida a los librojuegos!
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jueves, 20 de agosto de 2015
jueves, 15 de enero de 2015
La poética del azar
Hoy, al llegar a mi casa después de comprar un billete de lotería, encontré en el rebate de la entrada una hoja suelta de un diccionario de inglés. Por mi calle pasan muchos estudiantes, así que supuse que se le había desprendido a alguno de su diccionario. Cuando la recogí, en la parte de arriba, la palabra guía rezaba: miracle (milagro).
Al darle la vuelta, observé de nuevo la palabra guía, y esta era mirage (espejismo).
Simplemente, hermoso.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Inauguración de la Biblioteca de Manpang
Que conste que he tenido que esperar un día para publicar esto, para que no coincidiera con ese día en el que se presupone que todo lo que se escribe es un chorrada... No, señores, ¡esto es de verdad de la buena!
Empezaré diciendo que este año no ha sido precisamente fecundo para este blog, pues, como ya comuniqué en su día, era mi intención dejar de escribir artículos y reseñas y relegar su uso a una especie de tablón de anuncios en el que publicaría noticias acerca de mis propias creaciones. Así pues, en julio anuncié la publicación del librojuego Traición y una guía para Tumba de pesadillas; en octubre di a conocer Roma, la pequeña enciclopedia visual que hice para ambientaciones en la Antigua Roma, y una númina, Vincula Veneris, para el juego Arcana Mundi; pero ya en diciembre, me volvió a picar el gusanillo y, además de anunciar que estaba disponible la versión 1.1 del librojuego Traición, he vuelto a escribir artículos.
Pero tenía que dejar el plato fuerte para el final, y es que hoy por fin han concluido las obras que inicié en esta Fortaleza para dar cabida a la Biblioteca de Manpang, en la que se recogen muchas de las series de librojuegos gratuitos y descatalogados que se han publicado en España.
Esto ha sido posible gracias a la colaboración de muchas personas, que hace unos años escaneaban e incluso maquetaban los librojuegos de su infancia y los ponían a disposición de los demás, y que ahora se han reunido en la web de Vagos, proporcionando una ingente cantidad de material, en algunos casos muy difícil de encontrar, como las series de La senda del Tigre y La saga del cruzado.
Esto demuestra que los librojuegos siguen despertando esa nostalgia que muchos sentimos de aquellos años 80, en los que éramos unos críos capaces de volar con nuestra imaginación y de viajar a otros mundos con ayuda de estos libros. Tal vez la literatura infantil y juvenil nunca vuelva a gozar de tan buena salud como en aquel tiempo en el que los librojuegos llenaron los estantes de las librerías.
Por eso, he querido aportar mi granito de arena haciendo sitio en mi Fortaleza para reunir todo el material que se vaya produciendo en esta Biblioteca, a la que a partir de ahora podéis acceder pinchando en la nueva pestaña que encontraréis bajo la nueva cabecera del blog (que, por cierto, ahora muestra la verdadera Fortaleza de Manpang, dibujada por el genial John Blanche).
Desde aquí quiero agradecer a esos Vagos tan poco vagos el gran esfuerzo que han hecho y siguen haciendo, e invitaros a todos a que echéis un vistazo a la gran cantidad de libros que han conseguido reunir. ¡Los "librojuegueros" os debemos mucho!
Empezaré diciendo que este año no ha sido precisamente fecundo para este blog, pues, como ya comuniqué en su día, era mi intención dejar de escribir artículos y reseñas y relegar su uso a una especie de tablón de anuncios en el que publicaría noticias acerca de mis propias creaciones. Así pues, en julio anuncié la publicación del librojuego Traición y una guía para Tumba de pesadillas; en octubre di a conocer Roma, la pequeña enciclopedia visual que hice para ambientaciones en la Antigua Roma, y una númina, Vincula Veneris, para el juego Arcana Mundi; pero ya en diciembre, me volvió a picar el gusanillo y, además de anunciar que estaba disponible la versión 1.1 del librojuego Traición, he vuelto a escribir artículos.
Pero tenía que dejar el plato fuerte para el final, y es que hoy por fin han concluido las obras que inicié en esta Fortaleza para dar cabida a la Biblioteca de Manpang, en la que se recogen muchas de las series de librojuegos gratuitos y descatalogados que se han publicado en España.
Esto ha sido posible gracias a la colaboración de muchas personas, que hace unos años escaneaban e incluso maquetaban los librojuegos de su infancia y los ponían a disposición de los demás, y que ahora se han reunido en la web de Vagos, proporcionando una ingente cantidad de material, en algunos casos muy difícil de encontrar, como las series de La senda del Tigre y La saga del cruzado.
Esto demuestra que los librojuegos siguen despertando esa nostalgia que muchos sentimos de aquellos años 80, en los que éramos unos críos capaces de volar con nuestra imaginación y de viajar a otros mundos con ayuda de estos libros. Tal vez la literatura infantil y juvenil nunca vuelva a gozar de tan buena salud como en aquel tiempo en el que los librojuegos llenaron los estantes de las librerías.
Por eso, he querido aportar mi granito de arena haciendo sitio en mi Fortaleza para reunir todo el material que se vaya produciendo en esta Biblioteca, a la que a partir de ahora podéis acceder pinchando en la nueva pestaña que encontraréis bajo la nueva cabecera del blog (que, por cierto, ahora muestra la verdadera Fortaleza de Manpang, dibujada por el genial John Blanche).
Desde aquí quiero agradecer a esos Vagos tan poco vagos el gran esfuerzo que han hecho y siguen haciendo, e invitaros a todos a que echéis un vistazo a la gran cantidad de libros que han conseguido reunir. ¡Los "librojuegueros" os debemos mucho!
sábado, 4 de abril de 2009
¿A qué culto perteneces?
¿Te gustaría saber a qué culto del Pacto Secreto perteneces? Pues es tan sencillo como realizar este test de diez preguntas. Elige la respuesta que más se ajuste a tu caso y ve anotando las alternativas elegidas.
1. ¿De cuál de las siguientes maneras prefieres ocupar tu tiempo libre?
A) Compitiendo en cualquier cosa en la que sea capaz de sobresalir.
B) Realizando cualquier actividad con mi pareja y/o mis hijos.
C) Viendo o practicando deporte.
D) Yendo a la discoteca o a cualquier fiesta.
E) Dando un paseo o haciendo un picnic.
F) Haciendo tareas de bricolaje o reparando y mejorando cacharros.
G) Leyendo, escribiendo o estudiando.
2. ¿Cual de las siguientes características consideras más imprescindible en tu pareja ideal?
A) Nobleza.
B) Fidelidad.
C) Energía.
D) Pasión.
E) Naturalidad.
F) Ingenio.
G) Madurez.
3. ¿Cuál de los siguientes personajes te parece más admirable?
A) Winston Churchill.
B) Juan Pablo II.
C) Cristóbal Colón.
D) Mozart.
E) Dalai Lama.
F) Edison.
G) Einstein.
4. Cuando juegas al rol, ¿de qué aspecto del juego disfrutas más?
A) De la sensación de poder del máster, o de convertirte en el líder del grupo, aunque sólo sea por un momento.
B) De saber aplicar las reglas siempre de la manera más correcta.
C) De las escenas de acción y los combates.
D) De la posibilidad de evadirte de la realidad metiéndote en la piel de los personajes.
E) De la creación del personaje, de hacerlo creíble otorgándole una personalidad o de crear historias.
F) De la sorpresas que te causa la historia, o de la capacidad de sorprender a los jugadores.
G) De la posibilidad de demostrar tus conocimientos sobre el juego o sacar al grupo de apuros con tu inteligencia.
5. Tu meta en la vida es:
A) Llegar a ser alguien importante o ser recordado.
B) Fundar una familia.
C) Ser el mejor en algo.
D) Disfrutar todo lo que pueda.
E) Perpetuar la especie.
F) Contribuir a cambiar el mundo.
G) Aprender todo lo que pueda.
6. ¿A cuál de los siguientes "pecados" sucumbes con mayor facilidad?
A) Soberbia o desprecio.
B) Envidia o rencor.
C) Ira.
D) Lujuria o gula.
E) Grosería, decir tacos.
F) Orgullo.
G) Pedantería.
7. ¿Qué deporte de los siguientes prefieres practicar?
A) Golf, caza.
B) Gimnasia. (rítmica, aerobic, trampolín...)
C) Boxeo, esgrima o artes marciales.
D) Cualquier deporte de riesgo. (alpinismo, parapente, etc.)
E) Hípica, pesca.
F) Fórmula 1.
G) Ajedrez.
8. ¿Cuál de los siguientes edificios te gustaría tener más cerca de tu casa?
A) Un edificio gubernamental o un hotel.
B) Un edificio religioso o un juzgado.
C) Un estadio o un gimnasio.
D) Una discoteca, bar o sala recreativa.
E) Ninguno, mejor un buen parque.
F) Uno que sea digno de admirar. (una catedral, por ejemplo)
G) Una biblioteca, un museo o una universidad.
9. De las siguientes profesiones, ¿cuál preferirías tener?
A) Político o empresario.
B) Juez, fiscal o policía.
C) Militar o deportista.
D) Artista.
E) Médico o agrónomo.
F) Ingeniero.
G) Profesor.
10. ¿Cuál de los siguientes misterios te parece más atractivo?
A) Maiestas: la ley y la autoridad.
B) Genus: la humanidad y el genius.
C) Bellum: la guerra y el guerrero.
D) Aphrodisias: la pasión, la belleza y la fuerza vital.
E) Hierofanía: la madre tierra y su simiente.
F) Fornax: la forja y el mundo físico.
G) Sapientia: el saber y los secretos.
Mayoría de respuestas A: perteneces a los dialis y rindes culto a Júpiter.
Mayoría de respuestas B: perteneces a las dóminas y rindes culto a Juno.
Mayoría de respuestas C: perteneces a los saliaris y rindes culto a Marte.
Mayoría de respuestas D: perteneces a los vitalis y rindes culto a Venus.
Mayoría de respuestas E: perteneces a los satoris y rindes culto a Ceres.
Mayoría de respuestas F: perteneces a los mulciberi y rindes culto a Vulcano.
Mayoría de respuestas G: perteneces a los bellatores y rindes culto a Minerva.
1. ¿De cuál de las siguientes maneras prefieres ocupar tu tiempo libre?
A) Compitiendo en cualquier cosa en la que sea capaz de sobresalir.
B) Realizando cualquier actividad con mi pareja y/o mis hijos.
C) Viendo o practicando deporte.
D) Yendo a la discoteca o a cualquier fiesta.
E) Dando un paseo o haciendo un picnic.
F) Haciendo tareas de bricolaje o reparando y mejorando cacharros.
G) Leyendo, escribiendo o estudiando.
2. ¿Cual de las siguientes características consideras más imprescindible en tu pareja ideal?
A) Nobleza.
B) Fidelidad.
C) Energía.
D) Pasión.
E) Naturalidad.
F) Ingenio.
G) Madurez.
3. ¿Cuál de los siguientes personajes te parece más admirable?
A) Winston Churchill.
B) Juan Pablo II.
C) Cristóbal Colón.
D) Mozart.
E) Dalai Lama.
F) Edison.
G) Einstein.
4. Cuando juegas al rol, ¿de qué aspecto del juego disfrutas más?
A) De la sensación de poder del máster, o de convertirte en el líder del grupo, aunque sólo sea por un momento.
B) De saber aplicar las reglas siempre de la manera más correcta.
C) De las escenas de acción y los combates.
D) De la posibilidad de evadirte de la realidad metiéndote en la piel de los personajes.
E) De la creación del personaje, de hacerlo creíble otorgándole una personalidad o de crear historias.
F) De la sorpresas que te causa la historia, o de la capacidad de sorprender a los jugadores.
G) De la posibilidad de demostrar tus conocimientos sobre el juego o sacar al grupo de apuros con tu inteligencia.
5. Tu meta en la vida es:
A) Llegar a ser alguien importante o ser recordado.
B) Fundar una familia.
C) Ser el mejor en algo.
D) Disfrutar todo lo que pueda.
E) Perpetuar la especie.
F) Contribuir a cambiar el mundo.
G) Aprender todo lo que pueda.
6. ¿A cuál de los siguientes "pecados" sucumbes con mayor facilidad?
A) Soberbia o desprecio.
B) Envidia o rencor.
C) Ira.
D) Lujuria o gula.
E) Grosería, decir tacos.
F) Orgullo.
G) Pedantería.
7. ¿Qué deporte de los siguientes prefieres practicar?
A) Golf, caza.
B) Gimnasia. (rítmica, aerobic, trampolín...)
C) Boxeo, esgrima o artes marciales.
D) Cualquier deporte de riesgo. (alpinismo, parapente, etc.)
E) Hípica, pesca.
F) Fórmula 1.
G) Ajedrez.
8. ¿Cuál de los siguientes edificios te gustaría tener más cerca de tu casa?
A) Un edificio gubernamental o un hotel.
B) Un edificio religioso o un juzgado.
C) Un estadio o un gimnasio.
D) Una discoteca, bar o sala recreativa.
E) Ninguno, mejor un buen parque.
F) Uno que sea digno de admirar. (una catedral, por ejemplo)
G) Una biblioteca, un museo o una universidad.
9. De las siguientes profesiones, ¿cuál preferirías tener?
A) Político o empresario.
B) Juez, fiscal o policía.
C) Militar o deportista.
D) Artista.
E) Médico o agrónomo.
F) Ingeniero.
G) Profesor.
10. ¿Cuál de los siguientes misterios te parece más atractivo?
A) Maiestas: la ley y la autoridad.
B) Genus: la humanidad y el genius.
C) Bellum: la guerra y el guerrero.
D) Aphrodisias: la pasión, la belleza y la fuerza vital.
E) Hierofanía: la madre tierra y su simiente.
F) Fornax: la forja y el mundo físico.
G) Sapientia: el saber y los secretos.
Mayoría de respuestas B: perteneces a las dóminas y rindes culto a Juno.
Mayoría de respuestas C: perteneces a los saliaris y rindes culto a Marte.
Mayoría de respuestas D: perteneces a los vitalis y rindes culto a Venus.
Mayoría de respuestas E: perteneces a los satoris y rindes culto a Ceres.
Mayoría de respuestas F: perteneces a los mulciberi y rindes culto a Vulcano.
Mayoría de respuestas G: perteneces a los bellatores y rindes culto a Minerva.
viernes, 27 de marzo de 2009
Renacimiento
Hace tiempo que guardo silencio, tanto en este blog como en otros lugares de internet en los que soy asiduo, por una parte porque, por unas cosas u otras, todos mis proyectos se encuentran estancados, pero sobre todo porque ya sabemos que los deberes diarios son los que mandan y suelen relegar nuestras aficiones a un indeseado segundo plano. Pero hoy podía haber guardado silencio para siempre. Y como sé que una de las mejores formas de hacer frente a las experiencias traumáticas es hablar sobre ellas, y escribir precisamente no se me da muy mal, dejo aquí constancia del suceso, para amonestar a quienquiera que piense en cometer el mismo error que yo, pero principalmente para mí mismo, para que nunca olvide un error que me podía haber costado la vida, aunque aún la Parca no tuviera pensado cortar el hilo para dar fin a mi existencia.
Puede que leáis algunos tópicos en mi relato, pero no por ser tópicos son menos ciertos. El primero en entrar a escena es el de que uno nunca piensa que le puedan pasar a él las cosas malas que oye que le ocurren a terceros. Pero pueden pasar en cualquier momento, y por poco que sea el tiempo que te expongas al peligro. Me encontraba esta mañana estudiando en mi habitación, como casi todos los días, y a la espera de una llamada del ayuntamiento de mi pueblo, que espero desde hace ya tiempo, que me anuncie que por fin ha llegado una subvención a mi nombre para trabajar en el área de Juventud. Recibí una llamada, pero era de mi madre, que había ido a Córdoba con mi padre a comprar algo de ropa para Semana Santa, aprovechando que él trabaja allí y tiene que coger el coche todos los días para desplazarse. Me dijo que iba a subir a un autobús que le iba a dejar en el pueblo de al lado, y que fuera a recogerla. Sólo se tardan diez minutos en llegar desde aquí; por eso me confié, tanto que cuando aparté la mirada del libro momentáneamente para comprobar la hora, descubrí que ya apenas quedaban quince minutos para que el autobús llegara al pueblo. Rápidamente, repetí el ritual cotidiano de ponerme la chaqueta, coger las llaves de casa, coger las llaves del coche y palparme los bolsillos para comprobar si llevo la cartera y el móvil; esta vez olvidé el móvil, y estuve a punto de dejarlo en casa, porque sólo iba a estar fuera veinte minutos; pero, por suerte, lo pensé mejor y lo cogí, por si volvía a llamarme mi madre por lo que fuera. Resulta muy curioso cómo automatizamos nuestras acciones cotidianas, cómo actuamos por impulso, sin pensar, de manera que a veces incluso no somos conscientes si nos saltamos algún paso. Eran las una menos cuarto del día de hoy; la hora punta del tráfico estaba muy cerca, y para colmo me di cuenta de que no me quedaba gasolina. Hay dos gasolineras en mi pueblo; primero fui a la más cercana, pero había un camión repostando, así que fui a la otra y, oh sorpresa, otro camión repostando. Pasaron unos cinco minutos y, harto de esperar, salí de la gasolinera. De todas formas, aún no se había encendido el piloto que indicaba que el coche estaba en la reserva, y de mi pueblo al otro no distan más de siete u ocho kilómetros, así que pensé que habría gasolina suficiente para el trayecto de ida y vuelta. Faltaban ya solamente cinco minutos cuando salí a la carretera comarcal que une los dos pueblos. Una carretera que ha visto un sinfín de accidentes, por su estrechez, sus constantes cambios de rasante, sus endiabladas curvas, ninguna de las cuales tiene visibilidad, y porque el firme de la carretera no suele estar en buenas condiciones. Pisé el acelerador más de lo debido, lo confieso; debía circular a unos setenta, tal vez ochenta kilómetros por hora, en una zona en la que el límite de velocidad marcado por una señal vertical era de cincuenta. Había perdido mucho tiempo, y quería llegar lo antes posible para recoger a mi madre. Pero precisamente por querer llegar a tiempo, no llegué. Me encontraba subiendo una cuesta a la velocidad indicada, al final de la cual había un cambio de rasante con una curva cerrada y sin visibilidad. Un coche pasó en dirección contraria antes de que llegara arriba. Me dispongo a dar la curva cuando, de repente, oigo un ruido; no fui consciente hasta mucho tiempo después, pero la rueda delantera izquierda había reventado. Cuando quise enderezar el volante, el coche no me respondió. No recuerdo exactamente lo que hice, pero seguramente, aunque sólo fuera por instinto, presionaría el freno; no obstante, el coche no sólo no se detenía, sino que además no aminoraba la velocidad. La curva se terminó e invadí el carril contrario. No había absolutamente ninguna visibilidad, por lo que no podía saber si venía algún coche de frente.
Uno nunca piensa que pueda tener un accidente, y menos en un trayecto tan corto. Pero los accidentes ocurren, y para colmo, esta vez fueron los dos factores clave los que conjuraron para intentar mandarme al Hades, el Paraíso, el Infierno, Valhala, el Daziarn, las estancias de Mandos o donde quiera que vayan los muertos, si es que van a algún sitio: mi imprudencia y el fallo del propio coche. Muchos hemos oído esas historias sobre lo que se te pasa por la cabeza en esos momentos: que si las personas queridas, que si los momentos de tu vida... yo puedo decir que, en los diez segundos aproximadamente que estuve en peligro, no tuve tiempo de pensar en nada de eso. Para ser sincero, sólo pensé dos cosas. Primero, cuando perdí el control del coche y vi que invadía el carril contrario, pensé "bueno, muchacho, hasta aquí has llegado." No pensé nada más, ni si había malgastado mi vida, ni si la había aprovechado, ni si había dejado algo sin hacer... nada, sólo eso: "hasta aquí has llegado." Por suerte, el coche que tenía que pasar, había pasado segundos antes, y ninguno se cruzó en mi camino; al menos, no sería responsable de la muerte de otra persona, y ya podía darme por satisfecho. Pero el peligro aún no había acabado: tras superar la cuesta, venía una bajada, por lo que iba a ser muy difícil que el coche pudiera parar. No obstante, tuve una suerte tremenda: al dar la curva, las ruedas se habían quedado orientadas hacia la izquierda, y cuando el coche se estabilizó un poco tras patinar violentamente en ambas direcciones, se salió de la carretera y cayó en una cuneta con una pared elevada, que es la que me salvó la vida. En ese momento, cuando el coche golpeó lateralmente contra la pared, aunque seguía a la misma velocidad, me sobrevino el segundo pensamiento: "puede que tenga suerte." Entonces reaccioné, renuncié a recuperar el control del coche, pues ya era inútil, y me agarre muy fuertemente al volante, poniendo todos mis músculos en tensión para resistir cualquier golpe que pudiera recibir, intentando así evitar salir despedido por el impacto; a mi favor estaba la bonísima costumbre que tengo de ponerme siempre el cinturón, por muy corto que sea el trayecto que deba hacer. Así pues, protegido por el cinturón, agarrando con todas mis fuerzas el volante y haciendo presión con ambas piernas (seguramente, aunque no lo recuerdo, una de ellas estaría aún presionando el freno), me dispuse a hacer frente a cualquier golpe que me estuviera reservado, ya fuera por los obstáculos del camino o por que el coche decidiera dar unas cuantas vueltas de campana. Oía rechinar la chapa de la puerta al rozar contra la pared de la cuneta; de pronto apareció una señal vertical, el coche la golpeó violentamente y la derribó, sin detenerse. Finalmente, antes de que la cuneta terminara en una zona abierta a un olivar, el coche se fue deteniendo poco a poco, hasta hacerlo por completo. Estuve aún unos diez segundos agarrado fuertemente al volante, sin darme cuenta de que la pesadilla había acabado. No cerré los ojos en ningún momento, sólo grité un poco al principio, cuando descubrí que no tenía control sobre el coche, para después ya concentrarme solamente en intentar sobrevivir. Intenté salir por la puerta de mi lado, pero no podía abrirla, ya que estaba pegada a la pared de la cuneta. Me dispuse a salir por la otra, tras asegurarme de que no venía ningún coche, y salí por fin del vehículo. Sólo entonces me di cuenta de había tenido la suerte más increíble de toda mi vida: en una carretera estrecha y sin ninguna visibilidad en casi ninguno de sus tramos, el coche no había quedado invadiendo la calzada, lo cual hubiera desencadenado seguramente un accidente múltiple, ya que es sumamente difícil esquivar un coche accidentado en una carretera como esa; además, había ido a caer prácticamente en la única cuneta de toda la carretera, ya que el resto está rodeado de sembrados con olivos, cuyo impacto, obviamente, es mortal con bastante probabilidad. Pasaron pocos coches, pero casi todos los conductores se detuvieron para intentar socorrerme. Pero milagrosamente, yo no tenía ni un solo rasguño, ni un golpe, nada; sólo me dolía un poco el cuello, debido a la tensión que había hecho sobre él para soportar las sacudidas. Cuando vi cómo había quedado el coche, comprendí la sorpresa de los conductores que se detenían cuando descubrían que yo me encontraba intacto.
Qué gran invento el móvil. Seguramente pocas cosas haya tan útiles como un móvil en este tipo de situaciones. Llamé a mi madre, la tranquilicé, hice lo mismo con mi padre, llamé a la grúa... mientras me ponía el chaleco y señalizaba el accidente con los triángulos. Había estado a punto de morir, pero estaba muy tranquilo, tal vez por el trabajo que he tenido, en un centro de Alzheimer, en el que me veía obligado a mantener la calma a la vez que sosegar a otras personas casi a diario en situaciones muy estresantes.
Cuando todo pasó, me di cuenta de algo muy curioso: la curva en la que me había salido era primera que se encuentra al salir del cementerio de mi pueblo. Estaba apenas a cien metros de donde, si mi suerte hubiera sido otra, hubiera acabado prematuramente. Siempre me quejo de mi poca fortuna; fijaos que incluso una vez saqué un 12 en la quiniela, pero no pude sellarla porque la administración de mi pueblo estaba cerrada por vacaciones, dejando de ganar los 250 euros del premio. Ahora sé que sí que tengo suerte, y mucha, pero en las cosas que importan de verdad.
Así que aquí sigo, otro día más. Pero aún queda otro tópico más antes de dar fin al relato de este desafortunado incidente: el del cambio de actitud hacia la vida de aquellos que han sufrido situaciones extremas. De hecho, esta entrada la he titulado "Renacimiento". ¿Que es lo que se piensa después de haber estado a punto de bailar al son de la Vieja Descarnada? Pues, no sé si será por lo reciente del accidente (hace sólo cinco horas), pero la verdad es que noto en mí cierta tendencia a valorar las cosas que de verdad importan. No me importa en absoluto haber perdido el coche, ni considero tan importante el hecho de estar en paro y con pocas perspectivas de futuro con mi pareja por el momento, al carecer de sueldo fijo. Lo verdaderamente importante es sentirse querido por los tuyos, e intentar hacer todo lo que piensas que debes hacer en esta vida antes de morir; no inmediatamente, sino a su tiempo, pero sin perderlas de vista. En resumidas cuentas, nada importa más que la búsqueda de la felicidad. En el mundo en que vivimos, muchas veces pensamos que nuestra felicidad depende de la consecución de unas metas que nos fijamos, pero eso no es cierto; los objetivos se pueden cambiar, o se pueden dar rodeos que permitan conseguirlos de otras maneras, pero en ningún caso la felicidad depende de cumplir objetivos, sino de saber cambiarlos cuando estos no se pueden alcanzar, sin que ello conlleve frustración ni decepción alguna.
Ya he soltado la moraleja principal de la historia, pero aún queda otra no menos importante: no seáis tan imprudentes como yo y conducid con prudencia. No importa la prisa que tengas, ni la que tenga quien te espera, ni la que tengan los demás conductores. Si caes en la trampa de la impaciencia, cualquier día que salgas de tu casa puede ser el último que estés en este mundo.
Puede que leáis algunos tópicos en mi relato, pero no por ser tópicos son menos ciertos. El primero en entrar a escena es el de que uno nunca piensa que le puedan pasar a él las cosas malas que oye que le ocurren a terceros. Pero pueden pasar en cualquier momento, y por poco que sea el tiempo que te expongas al peligro. Me encontraba esta mañana estudiando en mi habitación, como casi todos los días, y a la espera de una llamada del ayuntamiento de mi pueblo, que espero desde hace ya tiempo, que me anuncie que por fin ha llegado una subvención a mi nombre para trabajar en el área de Juventud. Recibí una llamada, pero era de mi madre, que había ido a Córdoba con mi padre a comprar algo de ropa para Semana Santa, aprovechando que él trabaja allí y tiene que coger el coche todos los días para desplazarse. Me dijo que iba a subir a un autobús que le iba a dejar en el pueblo de al lado, y que fuera a recogerla. Sólo se tardan diez minutos en llegar desde aquí; por eso me confié, tanto que cuando aparté la mirada del libro momentáneamente para comprobar la hora, descubrí que ya apenas quedaban quince minutos para que el autobús llegara al pueblo. Rápidamente, repetí el ritual cotidiano de ponerme la chaqueta, coger las llaves de casa, coger las llaves del coche y palparme los bolsillos para comprobar si llevo la cartera y el móvil; esta vez olvidé el móvil, y estuve a punto de dejarlo en casa, porque sólo iba a estar fuera veinte minutos; pero, por suerte, lo pensé mejor y lo cogí, por si volvía a llamarme mi madre por lo que fuera. Resulta muy curioso cómo automatizamos nuestras acciones cotidianas, cómo actuamos por impulso, sin pensar, de manera que a veces incluso no somos conscientes si nos saltamos algún paso. Eran las una menos cuarto del día de hoy; la hora punta del tráfico estaba muy cerca, y para colmo me di cuenta de que no me quedaba gasolina. Hay dos gasolineras en mi pueblo; primero fui a la más cercana, pero había un camión repostando, así que fui a la otra y, oh sorpresa, otro camión repostando. Pasaron unos cinco minutos y, harto de esperar, salí de la gasolinera. De todas formas, aún no se había encendido el piloto que indicaba que el coche estaba en la reserva, y de mi pueblo al otro no distan más de siete u ocho kilómetros, así que pensé que habría gasolina suficiente para el trayecto de ida y vuelta. Faltaban ya solamente cinco minutos cuando salí a la carretera comarcal que une los dos pueblos. Una carretera que ha visto un sinfín de accidentes, por su estrechez, sus constantes cambios de rasante, sus endiabladas curvas, ninguna de las cuales tiene visibilidad, y porque el firme de la carretera no suele estar en buenas condiciones. Pisé el acelerador más de lo debido, lo confieso; debía circular a unos setenta, tal vez ochenta kilómetros por hora, en una zona en la que el límite de velocidad marcado por una señal vertical era de cincuenta. Había perdido mucho tiempo, y quería llegar lo antes posible para recoger a mi madre. Pero precisamente por querer llegar a tiempo, no llegué. Me encontraba subiendo una cuesta a la velocidad indicada, al final de la cual había un cambio de rasante con una curva cerrada y sin visibilidad. Un coche pasó en dirección contraria antes de que llegara arriba. Me dispongo a dar la curva cuando, de repente, oigo un ruido; no fui consciente hasta mucho tiempo después, pero la rueda delantera izquierda había reventado. Cuando quise enderezar el volante, el coche no me respondió. No recuerdo exactamente lo que hice, pero seguramente, aunque sólo fuera por instinto, presionaría el freno; no obstante, el coche no sólo no se detenía, sino que además no aminoraba la velocidad. La curva se terminó e invadí el carril contrario. No había absolutamente ninguna visibilidad, por lo que no podía saber si venía algún coche de frente.
Uno nunca piensa que pueda tener un accidente, y menos en un trayecto tan corto. Pero los accidentes ocurren, y para colmo, esta vez fueron los dos factores clave los que conjuraron para intentar mandarme al Hades, el Paraíso, el Infierno, Valhala, el Daziarn, las estancias de Mandos o donde quiera que vayan los muertos, si es que van a algún sitio: mi imprudencia y el fallo del propio coche. Muchos hemos oído esas historias sobre lo que se te pasa por la cabeza en esos momentos: que si las personas queridas, que si los momentos de tu vida... yo puedo decir que, en los diez segundos aproximadamente que estuve en peligro, no tuve tiempo de pensar en nada de eso. Para ser sincero, sólo pensé dos cosas. Primero, cuando perdí el control del coche y vi que invadía el carril contrario, pensé "bueno, muchacho, hasta aquí has llegado." No pensé nada más, ni si había malgastado mi vida, ni si la había aprovechado, ni si había dejado algo sin hacer... nada, sólo eso: "hasta aquí has llegado." Por suerte, el coche que tenía que pasar, había pasado segundos antes, y ninguno se cruzó en mi camino; al menos, no sería responsable de la muerte de otra persona, y ya podía darme por satisfecho. Pero el peligro aún no había acabado: tras superar la cuesta, venía una bajada, por lo que iba a ser muy difícil que el coche pudiera parar. No obstante, tuve una suerte tremenda: al dar la curva, las ruedas se habían quedado orientadas hacia la izquierda, y cuando el coche se estabilizó un poco tras patinar violentamente en ambas direcciones, se salió de la carretera y cayó en una cuneta con una pared elevada, que es la que me salvó la vida. En ese momento, cuando el coche golpeó lateralmente contra la pared, aunque seguía a la misma velocidad, me sobrevino el segundo pensamiento: "puede que tenga suerte." Entonces reaccioné, renuncié a recuperar el control del coche, pues ya era inútil, y me agarre muy fuertemente al volante, poniendo todos mis músculos en tensión para resistir cualquier golpe que pudiera recibir, intentando así evitar salir despedido por el impacto; a mi favor estaba la bonísima costumbre que tengo de ponerme siempre el cinturón, por muy corto que sea el trayecto que deba hacer. Así pues, protegido por el cinturón, agarrando con todas mis fuerzas el volante y haciendo presión con ambas piernas (seguramente, aunque no lo recuerdo, una de ellas estaría aún presionando el freno), me dispuse a hacer frente a cualquier golpe que me estuviera reservado, ya fuera por los obstáculos del camino o por que el coche decidiera dar unas cuantas vueltas de campana. Oía rechinar la chapa de la puerta al rozar contra la pared de la cuneta; de pronto apareció una señal vertical, el coche la golpeó violentamente y la derribó, sin detenerse. Finalmente, antes de que la cuneta terminara en una zona abierta a un olivar, el coche se fue deteniendo poco a poco, hasta hacerlo por completo. Estuve aún unos diez segundos agarrado fuertemente al volante, sin darme cuenta de que la pesadilla había acabado. No cerré los ojos en ningún momento, sólo grité un poco al principio, cuando descubrí que no tenía control sobre el coche, para después ya concentrarme solamente en intentar sobrevivir. Intenté salir por la puerta de mi lado, pero no podía abrirla, ya que estaba pegada a la pared de la cuneta. Me dispuse a salir por la otra, tras asegurarme de que no venía ningún coche, y salí por fin del vehículo. Sólo entonces me di cuenta de había tenido la suerte más increíble de toda mi vida: en una carretera estrecha y sin ninguna visibilidad en casi ninguno de sus tramos, el coche no había quedado invadiendo la calzada, lo cual hubiera desencadenado seguramente un accidente múltiple, ya que es sumamente difícil esquivar un coche accidentado en una carretera como esa; además, había ido a caer prácticamente en la única cuneta de toda la carretera, ya que el resto está rodeado de sembrados con olivos, cuyo impacto, obviamente, es mortal con bastante probabilidad. Pasaron pocos coches, pero casi todos los conductores se detuvieron para intentar socorrerme. Pero milagrosamente, yo no tenía ni un solo rasguño, ni un golpe, nada; sólo me dolía un poco el cuello, debido a la tensión que había hecho sobre él para soportar las sacudidas. Cuando vi cómo había quedado el coche, comprendí la sorpresa de los conductores que se detenían cuando descubrían que yo me encontraba intacto.
Qué gran invento el móvil. Seguramente pocas cosas haya tan útiles como un móvil en este tipo de situaciones. Llamé a mi madre, la tranquilicé, hice lo mismo con mi padre, llamé a la grúa... mientras me ponía el chaleco y señalizaba el accidente con los triángulos. Había estado a punto de morir, pero estaba muy tranquilo, tal vez por el trabajo que he tenido, en un centro de Alzheimer, en el que me veía obligado a mantener la calma a la vez que sosegar a otras personas casi a diario en situaciones muy estresantes.
Cuando todo pasó, me di cuenta de algo muy curioso: la curva en la que me había salido era primera que se encuentra al salir del cementerio de mi pueblo. Estaba apenas a cien metros de donde, si mi suerte hubiera sido otra, hubiera acabado prematuramente. Siempre me quejo de mi poca fortuna; fijaos que incluso una vez saqué un 12 en la quiniela, pero no pude sellarla porque la administración de mi pueblo estaba cerrada por vacaciones, dejando de ganar los 250 euros del premio. Ahora sé que sí que tengo suerte, y mucha, pero en las cosas que importan de verdad.
Así que aquí sigo, otro día más. Pero aún queda otro tópico más antes de dar fin al relato de este desafortunado incidente: el del cambio de actitud hacia la vida de aquellos que han sufrido situaciones extremas. De hecho, esta entrada la he titulado "Renacimiento". ¿Que es lo que se piensa después de haber estado a punto de bailar al son de la Vieja Descarnada? Pues, no sé si será por lo reciente del accidente (hace sólo cinco horas), pero la verdad es que noto en mí cierta tendencia a valorar las cosas que de verdad importan. No me importa en absoluto haber perdido el coche, ni considero tan importante el hecho de estar en paro y con pocas perspectivas de futuro con mi pareja por el momento, al carecer de sueldo fijo. Lo verdaderamente importante es sentirse querido por los tuyos, e intentar hacer todo lo que piensas que debes hacer en esta vida antes de morir; no inmediatamente, sino a su tiempo, pero sin perderlas de vista. En resumidas cuentas, nada importa más que la búsqueda de la felicidad. En el mundo en que vivimos, muchas veces pensamos que nuestra felicidad depende de la consecución de unas metas que nos fijamos, pero eso no es cierto; los objetivos se pueden cambiar, o se pueden dar rodeos que permitan conseguirlos de otras maneras, pero en ningún caso la felicidad depende de cumplir objetivos, sino de saber cambiarlos cuando estos no se pueden alcanzar, sin que ello conlleve frustración ni decepción alguna.
Ya he soltado la moraleja principal de la historia, pero aún queda otra no menos importante: no seáis tan imprudentes como yo y conducid con prudencia. No importa la prisa que tengas, ni la que tenga quien te espera, ni la que tengan los demás conductores. Si caes en la trampa de la impaciencia, cualquier día que salgas de tu casa puede ser el último que estés en este mundo.
lunes, 24 de marzo de 2008
Mensaje del Papa para los lectores de La Fortaleza de Manpang
Aquí tenéis un mensaje de Su Santidad para sus fieles amantes de los librojuegos (esos pecadores que disfrutan con semejantes abominaciones del Infierno). Por lo visto está desesperado porque cada vez hay menos cristianos católicos apostólicos y romanos, y por ello lanza una petición. Escuchadlo vosotros mismos.
Get a Voki now!
Get a Voki now!
sábado, 12 de mayo de 2007
Bienvenido a la Fortaleza de Manpang

Pasad, pasad, viajero. Debéis estar exhausto tras atravesar los Baklands y burlar a mis guardias. Seguramente hayáis llegado hasta aquí para destruirme, ¿no es así? Lo suponía. Pero no penséis que os va a resultar fácil. Pensad que solo yo he podido hacerme con el control de esta antigua fortaleza y doblegar a sus terribles moradores. Incluso los elfos negros y los hombres-pájaro están de mi parte. En fin, si os empeñáis...
¿La Corona de los Reyes? Sí, la tengo aquí, en alguna parte. No pretenderéis que os revele su paradero, ¿verdad? Con ese artefacto en mi poder podré dominar todo Kakhabad y convertirme el amo y señor del Viejo Mundo. Mis fieles hombres-pájaro del Xamen hicieron un buen trabajo robándola de Analand y trayéndomela hasta aquí.
Pero antes de que comience nuestro combate, quizá os interese saber que poseo una de las bibliotecas más completas de las que pueden encontrarse en todo el continente. Pasad y echad un vistazo si queréis, yo os estare esperando. Solo os pido que no extraviéis ninguno de mis libros, pues le tengo gran aprecio. Disfrutad de vuestra estancia mientras queráis y podáis.
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