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sábado, 29 de diciembre de 2007

El puente de Alcántara

Anoche terminé de leer este magnífico libro que todos los amantes de la novela histórica deberían tener. Lo mejor del género que he leído hasta el momento, y uno de los mejores libros que he tenido entre mis manos. La novela nos transporta a la Edad Media española como nunca antes lo había hecho ninguna otra, y para ello se sirve de varios elementos de los que hablaremos a continuación. Qué pena me da haberlo terminado, porque después de haberlo leído, a partir de ahora, seré mucho más crítico con cualquier novela de este género que caiga en mis manos y seguramente no disfrutaré de ellas tanto como antes.

Como siempre, hablaré del libro sin revelar nada de su trama. Empezaremos por su estructura. Se divide en tres partes diferenciadas, llamadas "libros", divididas a su vez en capítulos. Cada libro transcurre en una época diferente: empezamos en el año 1063 en el primer libro, en el segundo comenzamos en el 1071, y en el tercero damos un salto hasta 1082. Antes de la primera parte hay un preludio que nos pone en situación, describiéndonos el panorama socio-político de la España del siglo XI. Entre el primer libro y el segundo, y entre el segundo y el tercero, hay un interludio donde, como en el preludio, se nos explican los cambios acontecidos durante el lapso de tiempo transcurrido. El libro se cierra con un postludio en el que se mencionan los acontecimientos ocurridos tras el tercer libro. La novela se acompaña además de una "Nota del autor" en la que nos comenta algunas costumbres, tradiciones y hechos célebres de la época, y de un glosario, en el que podemos consultar el significado de los muchos términos árabes y hebreos que aparecen durante la novela, explicados al detalle.
La acción gira en torno a tres personajes de tres mundos muy diferentes: un judío, un árabe y un cristiano. El árabe, ibn Ammar, está basado en un personaje histórico, un poeta que llegó a gozar de bastante influencia en la corte del rey de Sevilla. Cada capítulo se asigna a uno de los personajes, y es fechado según los tres calendarios, el cristiano, el árabe y el hebreo, añadiendo además el nombre de la ciudad en la que se desarrolla. Los personajes llevan vidas independientes, pero a veces llegan a encontrarse y entonces, en el mismo capítulo se puede dar una transición en la que el foco se traslada al otro personaje. Poco a poco, las vidas de estos tres personajes se irán cruzando cada vez más hasta llegar a formar una parte importante de su entorno.

El primer libro tiene un ritmo algo lento, pero es una verdadera delicia, ya que describe situaciones de la vida cotidiana en un castillo, en la corte de un rey, en una gran ciudad como Sevilla, el sorprendente desarrollo de un asedio (y lo diferente que resulta a como lo imaginamos), el modo de vida de los pardos (villanos con armas y caballo que fingen ser hidalgos), la manera en que se desenvuelve gente de toda clase (médicos, mercaderes, cortesanos, soldados, prostitutas...), haciendo en suma que podamos revivir esa agitada época de la historia en la que convivían diferentes culturas en relativa armonía. En los siguientes libros también se muestran otras estampas típicas medievales: se describen unos baños árabes, el desarrollo de una cacería, conflictos sociales, batallas, traiciones, todo sin escatimar en detalles. El primer libro también es el más largo, e incluso por sí solo se podría considerar un libro independiente, con un comienzo y un final. Una vez finalizado, hemos llegado a conocer a fondo a los personajes y asistido a los acontecimientos que marcarán su vida, proporcionándonos una estupenda base para que podamos disfrutar plenamente con la lectura de los otros dos libros.
El segundo libro es el más corto. Es la parte en la que asistimos al pleno desarrollo de los personajes; si en el libro anterior fuimos testigos de su ascenso, aquí lo somos de su consolidación. Los tres actúan en consecuencia con lo vivido en la primera parte. Aparecen nuevos personajes importantes, o algunos de los que fueron presentados en el primer libro cobran vital importancia a partir de aquí.
Y en el tercer libro asistimos a la caída, formando así una perfecta simetría. Esta parte acaba ya de atraparnos del todo, pues aquí el ritmo es mucho mayor que en los libros anteriores. Los acontecimientos se precipitan; en unas ocasiones son previsibles, en otras desconcertantes. Los personajes atraviesan las mayores dificultades y el libro termina con dispares desenlaces para cada uno de ellos.

Los personajes no son, desde luego, nada planos. Yunus, el judío, es tal vez el que menos evoluciona, porque ya es anciano cuando comienza el libro. Pero ibn Ammar y Lope son muy interesantes. El primero comienza como un cortesano venido a menos, que busca la manera de volver a triunfar, y aunque al principio puede despertar simpatía, luego se nos revela su desmedida ambición de poder; y Lope, que comienza como un muchacho inseguro y de buen corazón, se convierte luego en un despiadado soldado atormentado por la sed de venganza. En todo momento piensan y actúan como seguramente lo hacían los hombres medievales, con una excesiva preocupación por el tema del honor y una actitud relajada ante la muerte y el sufrimiento ajenos.

El autor es capaz, desde el principio, pero cada vez más a medida que vamos leyendo, de introducirnos en la política andalusí y castellana del momento, haciendo de ella algo cotidiano como podría serlo para nosotros en este momento la última disputa entre Rajoy y Zapatero. Además, la política dirige en gran medida la vida de los tres personajes, participando activamente en ella uno de los tres, que decide sobre el destino y el devenir de reyes y reinos. Dicho de otra forma, llega un momento en que somos capaces de comprender cada uno de los movimientos que se realizan, aunque nos encontremos en una época tan diferente a la nuestra.

En fin, cuando una novela no es muy buena, hay mucho que decir porque hay mucho que criticar, pero esta vez no puedo extenderme sin revelar la trama (cosa que no haré), porque el libro me parece toda una obra maestra del género, que cumple con todos los requisitos para que una novela histórica sea realmente lo que debe ser, y lo hace de una forma original, proporcionándonos una visión muy completa de la vida medieval a través de tres personajes de culturas diferentes, lo cual contribuye a enriquecer la recreación de la época, haciendo uso del prisma a través del cual cada uno de ellos observa y vive en su mundo, aportando diferentes visiones sobre un mismo hecho, enriquecidas a su vez por las diferentes actividades que desempeña cada uno, elegidas de manera que el espectro de visiones se amplía todo lo posible.

No puedo más que cantar las alabanzas del señor Frank Baer y deciros que, si os gusta la Edad Media, no podéis perderos esta maravilla de libro.

Nota (de 0 a 10): 10

lunes, 30 de julio de 2007

El médico

Rob J. Cole se dio cuenta de que tenía un don a una edad muy temprana. Ese don, al que atribuía un origen divino, junto con las enseñanzas de su primer maestro, un cirujano barbero, le creó un ansia de conocimiento que solo un hombre podía satisfacer: el legendario médico Avicena. Rob realiza un viaje a la lejana Ispahan, y tanto durante el viaje como durante su estancia en la capital persa el destino le depara duras pruebas que deberá superar en su lucha personal contra la enfermedad y la muerte.

Si algo llama la atención al leer este libro es que a medida que pasan las páginas, su lectura se hace más y más adictiva. En este aspecto me recordó a Los Pilares de la Tierra, aunque la obra de Ken Follet es aún más adictiva si cabe. Noah Gordon sabe despertar el interés del lector mediante la creciente carga emotiva que imprime a la historia de su protagonista, lo cual es un requisito indispensable para cualquier best-seller. Además, nos atrapa con sucintas descripciones de comidas, lugares y caracteres casi desde el primer momento, lo cual, combinado con lo anterior, parece ser la fórmula idónea para que el lector se implique en la lectura de una novela histórica.

Asimismo hay que reconocer que en algunos aspectos la labor de documentación del autor y la forma en la que ha plasmado sus conocimientos en la novela resulta algo espléndido, en especial todo lo que se refiere a las costumbres de los judíos. Esto contribuye de manera especial, aunque solo a veces, a dibujar un cuadro creíble en el que asomarse para ver cómo era la vida en el siglo XI.

Pero hasta aquí los puntos positivos que presenta esta obra. Y es que, a pesar de que estos tienen un peso importante como el que representa la posibilidad de disfrutar y gozar con la lectura de una novela, alberga muchos más aspectos negativos que positivos.

Empezaremos hablando de la redacción de la novela, que salvo puntuales excepciones no brilla en ningún momento, limitándose a contar lo que sucede de la manera más inteligible para el lector, sacrificando otros aspectos como la ambientación, al utilizar vocablos actuales en sustitución de otros más adecuados para la época. Es la desventaja de escribir un libro dirigido a las masas, destinado a convertirse en best-seller.

Segundo, esta novela presenta el clásico y típico problema que afecta a la mayoría de las novelas históricas, restándoles muchísima calidad: algunos personajes, sobre todo el protagonista, no son personas del siglo XI, sino del siglo XXI. Y no me refiero a las ideas innovadoras del protagonista con respecto a la medicina, sino a su forma de pensar en general. Súmese a este problema lo comentado anteriormente con respecto a los vocablos actuales y tendremos una peligrosa y explosiva mezcla que, de no ser por lo atractivo de la historia que se cuenta (atracción provocada esencialmente por el componente emotivo que se va gestando paulatinamente), dinamitaría por completo esta novela al verse desprovista de una adecuada ambientación histórica. Cosa, por otra parte, que se intenta subsanar con vacuas y tópicas descripciones del mundo exótico al que viaja el protagonista, leídas ya en muchas otras novelas, que no hacen más que engrosar el número de páginas del libro, haciendo muy poco en sí por cuidar el aspecto de la ambientación y actuando como un parche con el que se intenta evitar que se desinfle una rueda.

Tercero, ciertos momentos de la historia poseen muy poca credibilidad. Se sacrifica este aspecto para construir escenas posteriores que ni siquiera llegan a sorprender, lo cual es todo un fallo de principante que no esperaba. Ejemplos de ello son oportunidades caídas del cielo durante el viaje y algunos reencuentros con personas que son difíciles de explicar en el contexto de la novela, habiendo realizado el protagonista un largo viaje a travesando toda Europa y Oriente Próximo y encontrándose tan lejos de su hogar. Además, la relación del protagonista con algunos de los personajes principales parece demasiado superficial y en algunos casos no se explota lo suficiente.

Otro aspecto negativo es el segundo "mal de la novela histórica": la personalidad plana de la mayoría de sus personajes. Es una historia con buenos y malos, donde los buenos son el protagonista, algunos médicos persas (Avicena entre ellos) y los judíos, y los malos son los religiosos no judíos, cuyo papel como obstructores del avance de la ciencia se deja bien claro de manera reiterada, y los ricos y poderosos. Incluso el protagonista presenta el tópico de ser una buena persona que solo se vuelve malvada y violenta con la bebida.

Un último apunte: el libro se divide en siete partes, dos de las cuales están dedicadas al viaje que hace Rob desde Inglaterra hasta Persia, y sin embargo cuando decide regresar a su casa hay un incomprensible fundido en negro. Pasamos de estar en Persia a desembarcar en Londres con solo chasquear los dedos, cosa que choca después de que el autor nos demostrara sobradamente en la segunda y tercera parte de la novela que cualquier viaje en el medievo se convertía en toda una odisea. Mi teoría es que ya andaba sobrado de páginas (siendo este uno de esos libros a los que les sobra casi la mitad), y por eso se "comió" esa parte. De hecho, da la impresión de que en la última parte el autor escatima el número de párrafos con que tan gratuitamente nos obsequió en las partes previas, limitándose a terminar de desarrollar el argumento para concluir la historia.

Ahora bien, a pesar de todos los aspectos negativos que se han comentado, su lectura es muy recomendable para aquellos que no sean tan exigentes como yo en cuanto a la recreación de una época de la historia. Es de esas novelas que enganchan a la mayoría gracias al hecho de que sea tan fácil meterse en la piel del protagonista y vivir con él las penurias y dificultades que se encuentra en el camino. Dicho de otro modo, si te gustó cómo te enganchó Los Pilares de la Tierra, seguramente te gustará este libro, pero no esperes ninguna maravilla.

Puntuación: 6

sábado, 7 de julio de 2007

Peón de Rey

Raoul de Hinault es un monje dominico francés que detenta el título de magíster en la universidad de París. Un día, el canciller de la universidad le llama a su presencia y le comunica que, a petición del rey de Francia, debe viajar a Castilla para servir como consejero al rey Alfonso X. Raoul inicia su viaje con toda presteza, cavilando acerca del tipo de asesoramiento que se espera de él, pero entonces se entrevista con el obispo de Jaca, que le conmina a realizar la peregrinación a Santiago de Compostela antes de acudir a la corte, pues asegura que su presencia allí no es tan apremiante después de todo. Pero Raoul se resiste a faltar a su deber, por lo que el obispo se ve obligado a contarle cuál es su verdadero cometido: investigar un asesinato cometido por un buen amigo del rey, cuyo juicio tendrá lugar en Compostela. Raoul entiende entonces que es el mismo rey Alfonso el que le pide, indirectamente y a través del obispo de Jaca, que ayude a su amigo a librarse de la horca, y que lo hace secretamente e incluso esperando que ni él mismo lo advierta, ya que si el rey interviniera en el juicio, los nobles contrarios a él se le echarían encima. Durante su viaje, Raoul va descubriendo pistas que le harán creer cada vez más en la inocencia del acusado, pero también se irá dando cuenta que tras lo que parece solo un juicio por asesinato esconde detrás una importante revuelta nobiliaria contra el rey.

A decir verdad, este ha sido uno de los mejores libros ambientados en el medievo español que he tenido la oportunidad de leer. La intriga mantiene en vilo al lector durante cada uno de los capítulos de esta novela, que entre otras virtudes presenta un lenguaje muy culto y propio de todo un magíster de la universidad, una excelente ambientación apoyada en la magnífica documentación recogida por el autor y momentos de auténtica reflexión en los que salen a relucir profundas disertaciones que ahondan en la filosofía medieval.

El libro está escrito en primera persona, en forma de diario. La excusa es la redacción de un informe en el que se recoge la relación de los hechos acaecidos desde la llegada de Raoul a España. La ventaja de la adopción de este punto de vista es que la visión de este personaje es la más rica posible de entre la de los demás que intervienen en la historia. Raoul nos sorprende con detalladas descripciones de los monumentos que va visitando en su camino, profundiza en ellas dándonos a conocer la ideología que subyace a su estilo, nos describe sus debilidades, sus temores y la imagen que tiene de sí mismo, y nos describe los personajes con los que se encuentra desde una perspectiva esencialmente psicológica, lo que permite que estos personajes muestren una riqueza pocas veces vista en novelas de este estilo, en las que por desgracia proliferan los personajes planos.

Ahora bien, la estrategia adoptada por el escritor también ofrece algunas desventajas. Por ejemplo, la novela se aleja a menudo del argumento principal, entremezclándose en ella historias en las que intervienen otros personajes, describiéndose estas tan detalladamente que resulta difícil pensar que el protagonista tenga tal conocimiento de ellas que incluso se permita saber lo que sienten los personajes aunque no esté presente, si bien advierte que se limita a reconstruir los hechos. Este hecho deja claro las limitaciones que conllevan adoptar únicamente el punto de vista de uno de los personajes a la hora de contar la historia, aunque este sea el protagonista, frente al del clásico narrador que utiliza la tercera persona y tiene el poder de la omnisciencia.

El ritmo se hace más lento conforme avanzan las páginas, y de hecho el argumento principal ocupa solamente los primeros y últimos capítulos del libro de una manera clara, pues en los capítulos centrales se entremezcla con otros hilos argumentales secundarios que en determinados momentos llegan a adquirir mayor protagonismo que el principal. Sin embargo, la lectura no se hace pesada, ya que consigue atraparnos mediante las reflexiones y descripciones del protagonista, que tocan temas muy diversos y nos aportan información muy interesante sobre ellos, todo ello sin abandonar la forma de pensar típica de un monje medieval, que, a pesar de ello, es algo peculiar, pues muestra una tolerancia atípica hacia otras religiones y temas sexuales. Esto crea un efecto interesante, ya que provoca en el lector la creencia de que quien narra la historia es un verdadero sabio capaz de trascender los esquemas sociales de su tiempo.

A lo largo de la narración de Raoul van apareciendo temas típicamente medievales, pero abordados con inteligencia y originalidad: la búsqueda del santo grial, el simbolismo inmanente en los estilos arquitectónicos, el camino de Santiago, el ambiente cortesano y las normas de etiqueta, y un largo etcétera, pero por encima de todos estos temas, asistimos a esas ladinas actuaciones destinadas a conseguir un objetivo sin que resulte obvio que este se persigue, algo tan usual en las altas esferas, más aún cuando entran en juego dos facciones enfrentadas y el éxito de la empresa requiere máxima discreción para que el enemigo no advierta los movimientos que se hacen. Es este aspecto uno de los mejor conseguidos por el escritor, que nos muestra cómo intriga el hombre del medievo contra su rey y cómo este mueve los hilos desde las sombras para rechazar posibles ataques encubiertos.

La trama principal está muy bien diseñada, aunque no nos damos cuenta de ello hasta el último capítulo, en el que se encuentra explicación a muchos hechos dudosos acaecidos durante el viaje de Raoul a Santiago de Compostela. Hay pocos giros inesperados, ya que la mayor parte del desarrollo es previsible, pero el autor no busca sorprendernos mediante el mero desarrollo de los acontecimientos; prueba de ello es que se nos informa desde el principio del positivo desenlace de la historia. Hay, de todas formas, hechos inesperados, sobre todo en los capítulos finales, que desconcertarán a Raoul, obligándole a reponerse y cambiar de estrategia.

Es un libro que no decepcionará a los amantes de la intriga y de la novela histórica, escrito con sorprendente brillantez, en el que las diferentes tramas se entremezclan con inteligencia y que trata con acierto diferentes temas filosóficos y cotidianos en el camino. No obstante, es necesario leerlo teniendo en cuenta que la trama principal se va desarrollando con cuentagotas hasta que los hechos se precipitan en los cinco últimos capítulos (lo cual nos resultará bastante lógico cuando nos enteremos en los últimos capítulos de la causa de ello), y que el autor aprovecha los momentos de relajación del viaje de Raoul para dejarnos interesantes pinceladas sobre la sociedad medieval que contribuyen adecuadamente a crear una ambientación idónea.

Puntuación: 8

miércoles, 6 de junio de 2007

El olor de las especias

Hace un par de días que terminé la lectura de esta novela histórica ambientada en el siglo X, en el reinado de Al-Hakam II. El argumento ya nos predispone a vivir una aventura de mano de los protagonistas, que se ven obligados a hacer un largo viaje hacia el sur de la península. Unos caballeros a quienes han robado su ganado se ven obligados a perseguir a los ladrones, para descubrir que ha sido un conde leonés el artífice del robo. Tras tomarse la justicia por su mano y asesinar al conde, Asur, Mudarra, Munnio y Gundisalvo se ven obligados a abandonar su hogar y pedir ayuda a Fernán González, conde de Castilla, para que los proteja ante el inminente castigo del rey Sancho de León por la muerte de su vasallo. Entonces, el conde de Castilla les encomienda una misión de cuyo éxito depende su propia supervivencia: deben acompañar al destronado rey Ordoño a Córdoba para que el califa Al-Hakam II le ayude a recuperar el trono de León.

Con este argumento, la historia promete ser apasionante, y aunque yo ya conocía el desenlace de los hechos históricos, encontré interesante la historia de los castellanos que acompañan a Ordoño. El libro se lee fácilmente, a pesar de que en algunos pasajes el lenguaje es más técnico. Estos son aquellos dedicados a la ambientación, en los que, si nos esforzamos un poco y nos molestamos en averiguar el significado de las palabras, podemos disfrutar de una excelente vista de algunos edificios, así como del mobiliario y de las vestimentas de los personajes. La lectura se hace amena, si bien el ritmo de la historia se ralentiza en determinados puntos. Además, se nos reserva una sorpresa final que nos hará comprender el comportamiento de algunos de los personajes durante la historia, así como un epílogo en el que se explica el porqué de los hechos que acontecen al principio.

La novela se estructura en capítulos, cada uno de los cuales recibe el nombre de uno de los personajes de la historia. Así pues, el nombre del capítulo nos indica que los hechos que se narran en el mismo giran en torno al personaje con el que se denomina. Cada capítulo consta de unas 30 a 40 páginas, divididos en varias secciones. El texto tiene la particularidad de que la sucesión de las secciones se utiliza para cambiar de escenario, pero no para cambiar el punto de vista; dentro de una misma sección puede cambiar, sin previo aviso, el punto de vista de un personaje a otro, aunque esto no ocurre de manera brusca, pues el autor suele utilizar transiciones hábilmente incluidas dentro de una frase.

En cuanto a los diálogos, tienen, a mi entender, dos fallos. El primero es que a veces no queda claro quién habla, ya que el autor no nos lo indica. Cierto es que cuando solo dos personajes participan en la conversación no es necesario indicar quién habla excepto al principio, pero en este libro abundan diálogos en los que intervienen tres o más personajes. Otro fallo fundamental es uno muy típico de este género: los personajes PIENSAN como lo haría cualquiera de nosotros en el siglo XXI, siendo el personaje de Mudarra el máximo exponente de este hecho. En una novela histórica, no es necesario que los personajes se expresen como lo harían en su tiempo (la mayoría de los lectores no entenderían su lenguaje arcaico), pero considero un gran problema el hecho de que unos personajes que vivieron hace más de 1000 años muestren pensamientos tan modernos. Es el mismo problema que tienen las superproducciones de cine cuando se trata de películas ambientadas en otras épocas de la historia, parece que todos sus personajes son tipos del siglo XXI que han entrado en una máquina del tiempo. No ocurre esto de manera tan acentuada en la novela, pero a mí, que me gusta trasladarme a la época en la que sucede la historia con ayuda de mi imaginación, me choca bastante.

Con respecto a los personajes, el autor no llega a profundizar realmente en ninguno de ellos, ni siquiera en Asur, quien se supone que es el protagonista. Solamente se limita a perfilar los rasgos de los más importantes para que comprendamos sus actos y su forma de pensar, sin ahondar en su psique, lo cual le hubiera proporcionado mayor profundidad a la historia. El personaje más complejo es, tal vez, Mudarra, aunque no me han gustado algunos de sus diálogos. Los datos que aporta son muy interesantes para el lector, pero hubiera preferido que los hubiera proporcionado el narrador; hay momentos en los que Mudarra parece un profesor de historia. Los demás personajes son planos por lo general, aunque esto viene siendo la norma en las novelas históricas que he leído. Aparte de esto, no conocemos los antecedentes de ninguno de los personajes excepto de Mudarra, y se dan casos bastante atípicos como el de un califa homosexual y un eunuco con apetito sexual (aunque este último caso se explica convenientemente). Son detalles destinados, tal vez, a ejercer cierto impacto sobre el lector, aunque desde mi punto de vista, en los tiempos que corren provocan el efecto contrario al que pretenden: hoy día pocos lectores se extrañan de la homosexualidad de un monarca, es más, el hecho de que el autor le haya otorgado esa condición sexual puede poner sobre aviso al lector con respecto a su intención de impresionarle.

Añado que existen en el libro secundarios mucho más interesantes que los protagonistas. Me hubiera gustado mucho leer más pasajes en los que apareciera el conde Fernán González, Al-Hakam II, Djafar, el rey Sancho y su hermana. Es un libro con muchos personajes, y al tener una extensión algo reducida y dedicar secciones enteras a todos ellos, la historia queda un poco dispersa. Esta sensación se acentúa cuando se cambia repentinamente el punto de vista de los personajes.

El ritmo, como he apuntado antes, es correcto, aunque existen pasajes que se hacen algo más lentos. No obstante, pienso que a la novela no le sobra nada, es más, la veo demasiado condensada. Me hubiera gustado que el autor se hubiera recreado en determinadas escenas y algunas de sus descripciones, sobre todo cuando los personajes llegan a Córdoba. En otras novelas me he podido hacer una idea acerca de la distribución espacial y las características de los lugares que han visitado los protagonistas, pero en esta novela las descripciones son a veces parcas en ese sentido. Esto, por contra, hace que la lectura sea muy fluida y pueda leerse el libro en poco menos de una semana. El ritmo se acelera en el último capítulo, ya que los acontecimientos se suceden de manera rápida. El epílogo es muy corto, y está solamente dedicado a explicar el porqué de lo acontecido a principio del libro. Me hubiera gustado que se hubiera explicado en él el destino de algunos personajes secundarios. Supongo que su brevedad se debe a que el autor busca sorprender al lector (cosa, que, sin duda, consigue).

Me ha gustado el estilo literario del autor. Se desenvuelve bastante bien en las descripciones, y consigue dotar de personalidad a sus personajes a través de sus diálogos (aunque esta, después de todo, resulte algo plana). Su lenguaje no es demasiado complejo, solo es algo más técnico en determinados pasajes dedicados a descripciones, pero sin llegar abrumar al lector. Suele usar un recurso literario que busca, como es habitual en esta novela, sorprender al lector, pero hace que el inicio de la lectura de cada sección sea algo confusa. Se trata de describir la escena e iniciar diálogos sin poner en situación al lector; es decir, al principio de las secciones el lector no sabe de qué hablan los personajes ni en qué situación se encuentran, aunque conforme avanza en la lectura podemos averiguarlo gracias al contexto. Esto crea la sensación de que nos incorporamos tarde a la escena, aunque sabemos que justamente la parte que leemos es la interesante para la historia. El recurso me resulta original y adecuado, dado el enfoque que el autor quiere darle a la novela y las sensaciones que pretende transmitir al lector.

En suma, a pesar de que no es la mejor de las novelas históricas, es un libro recomendable para los aficionados al género.

Puntuación (de 0 a 10): 6,5