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miércoles, 2 de febrero de 2011

La Tríada Hermética y la Goecia

Ya hemos visto que, desde la óptica del hermetismo, el fin último del ser humano es descubrir la naturaleza divina. Este cometido moral y sagrado solo se puede alcanzar trascendiendo el mundo sensible, pues el Demiurgo no se puede aprehender por la vía de los sentidos, sino por la del pensamiento. Por tanto, es lícito servirse de cualquier disciplina para conseguir tal fin: la salvación no viene a través de la fe, sino del conocimiento (y esa es la principal razón por la que la Iglesia persigue a los herméticos). La verdad está ahí, pero hay que descubrirla; y lo importante es que cualquiera, sea cual sea su medio cultural, puede conseguirlo.

Partiendo de esta premisa, cierto es también que no todos los saberes sirven igual a este propósito: hay tres ciencias que tradicionalmente se encuentran en la cumbre de la sabiduría del cosmos: la alquimia, la magia y la astrología. Estas tres disciplinas forman un triángulo: el vértice derecho es la teúrgia, que se ocupa de lo psíquico; el izquierdo es la alquimia, que obra en lo físico; ambas se complementan entre sí y se completan con el vértice superior, la astrología, que nos ayuda a entender nuestro lugar en el universo.

Los verdaderos herméticos conocen y practican estas tres disciplinas, y aunque se especializan en una de ellas siempre tienen presentes las leyes y preceptos de las otras dos.

Alquimia

Muchos fueron los aficionados a la alquimia durante el medievo, pero pocos los verdaderos alquimistas que practicaban este arte tal como fue concebido en el Egipto prefaraónico. El alquimista hermético no solo está interesado en el resultado físico de sus experimentos, sino también en la parte espiritual, y por eso conoce la teúrgia; y aprende a temperar mejor las mezclas y conseguir mejores efectos alineando con los astros los procesos que llevan a cabo, con ayuda de sus conocimentos de astrología. De hecho, detrás de sus famosas investigaciones sobre la transmutación de los metales se encuentra su verdadero objetivo, que es hallar el camino para la transmutación de su propia alma, de manera que pueda unirse con el Demiurgo a través del Nous, el Pensamiento; eso, y no otra cosa, es lo que ellos llaman la Gran Obra.

Sin embargo, al contrario que los teúrgos, los alquimistas prefieren acceder a lo inteligible a través del mundo sensible. Por eso se convierten en grandes conocedores de los fenómenos físicos, capaces de reproducir aquellos que ocurren en la región sublunar; pero, además, son capaces de crear efectos sobrenaturales haciendo uso del Pneuma, el Aliento Divino, que se encuentra en determinados componentes, para después concentrar toda su energía en un objeto determinado. Las armas legendarias, los filtros, los talismanes... todos ellos fueron objetos imbuidos de apenas una insignificante cantidad de Pneuma, gracias a la cual podían obrar lo que algunos llamaban milagros o maravillas y otros magia.

Pero es importante este matiz: ellos no “roban” el Pneuma, como harían los goéticos, sino que utilizan el que tienen a su disposición, pues este se encuentra en gran cantidad en la región sublunar, en cada uno de los cuatro elementos y sus compuestos. Todo tiene Pneuma: el aire, las rocas, las plantas... Y los alquimistas saben manipularlo, como un componente más de cualquier mezcla; pero prefieren no extraerlo, a menos que sean goéticos.

Así pues, los alquimistas son capaces de manipular todo efecto físico en un sentido muy amplio, pues esto incluye también la psicología humana, que depende de los humores, que, al fin y al cabo, son parte de los cuatro elementos que ellos conocen tan bien. En cambio, son incapaces de manejar todo proceso que se lleve a cabo más allá de la región sublunar, como la influencia y el movimiento de los astros.

Astrología

Astrólogos también hubo, aunque desde luego gran parte de ellos no eran más que farsantes y charlatanes. Tienen un gran conocimiento sobre las regiones supralunares y su influencia en la sublunar, y ese conocimiento les otorga una gran capacidad para comprender no solo los fenómenos que ocurren en el mundo sensible, sino también la Pronóia o voluntad divina. Por esta razón, algunos, mediante su arte, consiguieron predecir determinados acontecimientos y conocer el temperamento de las personas mediante el influjo que los astros ejercen sobre toda la Creación.

Los verdaderos astrólogos son también unos eruditos en cuestiones matemáticas, pues se manejan muy bien dentro del mundo de las ideas, de lo inteligible, y los números son una representación de las leyes divinas que gobiernan el mundo sublunar. Esto les permite ser los mejores ilusionistas del mundo, pues, como sabemos hoy en día, la mayoría de los trucos de magia son pura matemática.

Sin embargo, no hacen uso del Pneuma, y por eso sus prodigios carecen de las virtudes naturales de la Creación. Por ejemplo, son famosos sus autómatas, máquinas vivientes que hoy en día llamaríamos robots, pero que carecen del aliento vital del Creador, y por tanto carecen de alma. En realidad, la vida que se percibe en ellos es una ilusión de la vida que existe en un ser realmente animado por el Pneuma, como los animales o los seres humanos. Prodigios de este tipo fabricaron, por ejemplo, Dédalo, que regaló a Minos, rey de Creta, una mujer que en realidad era un autómata, o Hyarbas, que disponía de estatuas de oro que actuaban como criados, sumilleres y conserjes.

Otro famoso prodigio propio de matemáticos y astrólogos, y también de alquimistas especialmente duchos en esta materia, son los espejos capaces de obrar efectos maravillosos, que siguen siendo ilusiones. Por ejemplo, se dice que Pompeyo trajo de Oriente un espejo que siempre mostraba, sobre la imagen que reflejaba, todo un ejército armado y listo para la batalla; también se sabe de espejos que podían llenar de sombras fantasmales la sala en la que se encontraban; y Agripa decía poseer unos espejos que mostraban lugares distantes.

Y es que los astrólogos, gracias a su conocimiento de las matemáticas, conocen también los secretos de la música, la geometría, la astronomía y la mecánica, las cuales abarcan aplicaciones tan variadas que van desde provocar fuertes emociones a través del sonido de instrumentos musicales hasta construir las pirámides de Egipto.

Teúrgia

De los teúrgos es de quienes menos se sabe, tal vez porque ni ellos, en su búsqueda de la verdad, se han inmiscuido en los triviales asuntos del resto de los humanos, ni nadie ha visto en su arte cosa alguna que pudiera ser de utilidad para sus ambiciones materiales. Y también porque muchos de ellos, en el camino hacia la divinidad, han sucumbido a su propio ego y se han convertido en goéticos.

El teúrgo es, de los tres sabios, el que mantiene un contacto más directo con el mundo inteligible, y ello le permite obtener un conocimiento de primera mano sobre cualquier aspecto de la Creación, el cual le viene a través de su encuentro con seres del plano espiritual, imperceptibles en el mundo sensible.

Ese contacto hace que los teúrgos sean los que más riesgo corren entre todos los sabios, pues no todos los seres del mundo inteligible están a favor de los humanos, y no faltan quienes tratan de confundir y corromper a cuantos teúrgos pueden, convirtiéndolos en grandes enemigos para sus propios congéneres. Cosa que, según se ha ido comprobando a lo largo de la historia, es francamente fácil, pues el ser humano es tan adicto al poder, que basta con que la entidad le ceda parte del suyo para llevarle a la perdición.

Los teúrgos, al igual que los alquimistas, pueden hacer uso del Pneuma para obrar sus prodigios, pero en lugar de usar el contenido en los elementos del mundo sublunar, el suyo proviene del plano espiritual, siendo por tanto más puro y efectivo; sin embargo, necesitan de la aquiescencia de los seres del plano espiritual, con los que deben de comunicarse previamente mediante algún ritual de complejidad muy variable, dependiendo del Pneuma requerido, el ente y las circunstancias.

Su práctica más famosa y peligrosa consiste en la invocación de entidades del plano espiritual, las cuales se presentan bajo una apariencia carnal en el mundo sensible. Esta práctica ha sido la preferida por las entidades contrarias a los humanos para sembrar la currupción y la discordia entre ellos, y por ello no son muchos los verdaderos teúrgos que a llevan a cabo, pues prefieren ser ellos quienes viajen al plano espiritual, o bien hallar una manera para comunicarse con sus seres, sendo así solamente ellos los que se ponen en peligro.

Famosos teúrgos han sido Moisés, Salomón y el propio Jesucristo, que obraron maravillas siempre mediante la intervención divina.

Goecia

Los herméticos llaman goecio o goético a todo aquel hermético que utiliza sus conocimientos para alimentar su propio ego. Los goéticos usan las mismas artes que los herméticos, ya provengan de la alquimia, la astrología o la teúrgia, solo que sus motivaciones son siempre egoístas y buscan solamente el dominio sobre los demás.

Los goéticos se han dejado llevar especialemente por alguno de los doce vicios que vimos cuando hablamos de la filosofía hermética, olvidando uno de los preceptos fundamentales: el de la unidad, representada por el Demiurgo. Por eso, se han alejado de la verdad universal, y en vez de expandir su alma y su energía para sentirse parte de la Creación, la concentran en sí mismos. Mientras que la magia obrada por los herméticos podría considerarse parte de un baile o una armonía en la que todo fluye con naturalidad, la de los goéticos trata de usurpar el Pneuma para cambiar su propio Destino y así resistirse a la Fatalidad. Esa es la diferencia fundamental entre ambos.

Como vimos más arriba, el Pneuma es la vis o energía de la que se imbuye la Creación; los herméticos usan la que está disponible en el ambiente, mientras que los goéticos absorben toda la que pueden. Además, los herméticos luchan por comprender su propio Destino y hacen lo posible por que se cumpla la Fatalidad, mientras que los goéticos luchan contra su Destino y tratan de revertir los acontecimientos de forma antinatural para modificar en lo posible la Fatalidad en pro de sus propias metas.

Son conceptos diametralmente opuestos sobre la divinidad: tratar de comprender los planes divinos para sentirse parte del Todo que conforma esa divinidad, o destacar sobre los semejantes haciendo frente a los planes divinos y usando el poder que otorga su comprensión en beneficio propio.

No obstante, no hay que encasillar a los goéticos, como tampoco a los herméticos; sabemos que en el cosmos las cosas no son blancas o negras, sino que existe una amplia gama de colores. A veces no está muy claro quién es hermético y quién goético; puede que ni la propia persona lo sepa. Hay herméticos que se dejan llevar por el ego, y sin embargo tratan de obrar siempre conforme al plan divino; y hay goéticos que creen que al hacer uso de su poder y someter a los demás están cumpliendo su propio Destino. Recordemos que, además de los doce vicios, hay diez virtudes, y que prácticamente todos los ocultistas se ven especialmente influidos por alguna de ambas; lo crucial es saber hasta qué punto.

Eso debe dejarnos clara la idea de que el hermetismo y la goecia son dos caras de una misma moneda, y por ello el hecho de que una persona se mueva por uno de los extremos, no significa que no pueda moverse hacia el otro. Un goético no condena su alma ni pierde para siempre la oportunidad que tiene todo ser humano de acceder a su propia salvación. Por otra parte, recordemos que las almas que no cumplen la tarea asignada por el Psicoguía solo bajan un escalón, pero en su próxima encarnación pueden volver a subirlo. No existe el Infierno ni la eterna damnación, aunque sí es cierto que cuando una persona es dominada por su propio ego, el gozo que experimenta de la percepción del propio poder hace que sea muy difícil que vuelva al camino correcto.

miércoles, 26 de enero de 2011

Cosmogonía hermética

La filosofía hermética podría resumirse en los siguientes postulados:
- existe una correspondencia y una interdependencia absoluta entre todas las partes del universo;
- el cosmos es un organismo vivo;
- el hombre es una realidad compleja que puede acceder a distintos niveles de consciencia mediante la gnosis (conocimiento), la cual se entiende además como un segundo nacimiento (experiencia mística) y como iniciación a una sabiduría perenne que se remonta a los primeros tiempos.

Así pues, según los herméticos existe una tríada formada por un Dios inmóvil o Demiurgo, el cosmos en movimiento y el hombre racional; el hombre es una imagen del cosmos, y el cosmos fue creado por el Demiurgo; por tanto, el hombre, a través de su racionalidad, puede elevarse hasta el Creador. Existen además unas entidades, de las que hablaremos después, que enlazan los componentes de esta tríada.


El Demiurgo

Demiurgo es el nombre que recibe el Dios Creador, la fuerza motriz o causa primera a partir de la cual el universo existe y tiene vida. Él lo creó todo y se encuentra en todo, es el principio de la Creación y la Creación misma. Se dice que es inmóvil porque es eterno y porque de Él proviene todo y está en todo, pero a la vez es invisible, lo que quiere decir que no se puede percibir con los sentidos porque es inmanente en su propia creación. Además es inteligible, lo que hace posible que el hombre, que es racional, pueda llegar a comprender sus misterios.

Para comprender mejor esta idea, podemos recurrir al concepto pitagórico de la Mónada: la unidad. El número uno genera todos los números, y no es generado por ninguno; de ahí podemos decir que los números no surgen de la nada, sino de esa unidad que se encuentra en todos ellos como principio y raíz. Esta es una analogía matemática del Demiurgo y de la Creación.

En un principio solo existían el Demiurgo e hýle, la materia, pero no por separado, sino en unión, como hemos visto en el concepto de Mónada. De hecho, la materia no existía en el estricto sentido de la palabra, ya que aún no había sido generada, pero existía en lo que había de generarlas.

Aquí entran los conceptos de Nous, el Pensamiento, que es la voluntad del Demiurgo, y Logos, la Palabra, que es la materialización del Nous. El Demiurgo es inteligible por el hombre, y eso se debe a que el hombre también tiene Nous y Logos. El Pensamiento es algo abstracto, sin forma, y la Palabra es parte de él y es su instrumento, pues lo interpreta. Para comprenderlo, podemos establecer una analogía con las ideas o conceptos humanos: por ejemplo, “amor” es una palabra que refleja un pensamiento, un concepto abstracto; por tanto, la palabra “amor” es parte del pensamiento que pretende reflejar. También observamos que el pensamiento es algo universal, mientras que la palabra tiene muchas expresiones distintas: no solo nos referimos a los distintos idiomas en que se pueden expresar los conceptos, sino también los sinónimos dentro de una misma lengua; en el caso del “amor”, observamos que las palabras “amistad”, “fraternidad”, “afecto” abarcan dimensiones distintas pero pertenecientes al mismo concepto. Asimismo, la Palabra es distinta de la voz, y es entendida como un símbolo, algo que representa e interpreta un Pensamiento.

Entonces el Demiurgo creó el cosmos, que se encontraba contenido en su Nous y se materializó a través de su Logos. Pero aún queda otro concepto más, que es el Pneuma, el aliento vital, la energía que da vida al Logos, pues sin ella este sería una simple idea sin movimiento. El Pneuma es el éter del que se sirven los procedimientos mágicos y astrológicos llevados a cabo por los hombres.

Por último, existe un atributo esencial en el Demiurgo, y por extensión en su Creación, que es el Aeon, la Eternidad, que es el pilar que sustenta lo creado. Decimos que el Demiurgo es eterno, pero su Creación es inmortal, pues existe porque existe el Demiurgo y es el propio Demiurgo. Sin la Eternidad, nada podría existir.

El Cosmos

Pasamos ahora al cosmos, que es el primer estadio de la Creación. Dijimos que el cosmos es móvil, y lo es porque se trata de un Pensamiento (Nous) materializado a través de la Palabra (Logos) y animado por el aliento vital (Pneuma) a lo largo de la Eternidad (Aeon): es la Creación en movimiento, el Verbo animado del Demiurgo, que es inmóvil porque es la causa primera y motriz, tal como aclaramos más arriba.

Este movimiento no solo implica la propiedad que tiene el cosmos de ser Creación animada; la causa y el efecto se dan dentro de un cosmos en movimiento, no pueden entenderse sin él, y a su vez son generadores del cambio; por tanto, el movimiento es el principio de la vida y la muerte, pero la muerte no se entiende como destrucción, sino como desaparición y renovación, o lo que es lo mismo, cambio. Esto nos lleva al concepto de Apocatástasis: ya que el cosmos es, Creación animada, un ser vivo inmortal, es imposible que muera parte alguna del mismo; lo que se da en él es una rotación, un eterno retorno, idea que a nivel del hombre algunas culturas, como la egipcia, interpretaron como reencarnación.

Este cosmos cambiante, sin embargo, se rige por tres fuerzas que mantienen todo unido en un perfecto orden. Estas son la Pronóia o Providencia, que es la voluntad y el proyecto divino, del Creador; la Heimarmene o Destino, que es el cumplimiento de todos los acontecimientos, enlazados unos con otros como los eslabones de una cadena; y la Ananké o Fatalidad, la resolución inquebrantable e inalterable de la Providencia. Estas tres fuerzas impiden que triunfe el azar, el Caos, que por otra parte, es consustancial a lo material.

Ya que tenemos una idea de los que es el cosmos, podemos observar su jerarquía. En primer lugar, se diferencia el cosmos inteligible del sensible; el inteligible solo es perceptible a través del pensamiento, mientras que el sensible también se puede percibir a través de los sentidos (obsérvese la implicación que tiene esto: los sentidos solo pueden percibir una parte de la totalidad que abarca el pensamiento). El cosmos sensible es regido por el Sol, llamado también Segundo Demiurgo, generador de vida y garante del orden cósmico, cuya Luz es el vehículo de lo inteligible. A su alrededor gravitan siete esferas, la primera de las cuales es la de las estrellas fijas, las cinco siguientes son las planetarias y la última es la terrestre. Los démones y los hombres están sujetos al influjo de todas las esferas en general, y en particular a la llamada región sublunar, que es la comprendida entre la esfera lunar y la terrestre, donde habitan los hombres y las almas.

El Hombre

Y llegamos al tercer elemento de la tríada, que es el hombre. El hermetismo es una doctrina antropocentrista, puesto que considera al hombre como imagen de Dios, y defiende lo divino de la naturaleza humana: el hombre ha sido creado de manera que puede trascender el cosmos sensible y llegar al inteligible, pudiendo llegar a contemplar al Creador. Es por eso que ha sido dotado de Nous (Pensamiento) y Logos (Palabra), lo que demuestra que es una imagen del Demiurgo. Tiene una doble naturaleza, una mortal, sometida al cambio, y otra inmortal que le permite elevarse hasta el propio Pensamiento del Demiurgo, y además está en sintonía con el cosmos, por lo cual se ve influido por los decanos, el zodiaco, los planetas y los démones, superiores a él en la jerarquía cósmica.

Lo material es parte fundamental del hombre, y se considera un elemento pasivo del cosmos, sujeto al cambio, y por ello es la parte culpable de que el hombre ceda a las pasiones y los apetitos; sin embargo, también tiene la capacidad divina de engendrar. Toda materia es una mezcla de los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua, los cuales son continuamente mezclado y disueltos debido al movimiento del cosmos.

Pero el hombre también posee alma, como todo lo que existe en la región sublunar. Este alma es un reflejo del aliento vital o Pneuma, con el que el Demiurgo ha dotado a la Creación, y por tanto representa el principio del movimiento en la región sublunar, entendido tal como se ha explicado más arriba. El alma es inmortal, es decir, no está sujeta al cambio, como sí lo está el cuerpo, pero sí a un proceso de purificación, ya que al principio son irracionales, y su meta es alcanzar la racionalidad para unirse con su Creador; pues todas las almas no son sino fragmentos de una mayor, el Alma del Mundo, que es una emanación del Demiurgo. Este proceso de purificación consiste en la reencarnación sucesiva en distintos cuerpos, bajo la supervisión de dos entidades: el Psicoguardián, que vigila las almas aún no encarnadas, y el Psicoguía, que marca el cometido de las almas antes de reencarnarse; si cumplen el cometido durante la encarnación, las almas dan un paso más hacia su purificación. Siete son los pasos en la anábasis del alma, que una vez completados le permiten unirse a las almas divinas y racionales, lo que hemos llamado el Alma del Mundo. En cada uno de estos pasos, el alma se desembarga de cada uno de los lastres de su condición irracional: el cambio de tamaño, la insidia, el deseo, la ambición, la audacia, la avaricia, y, finalmente, la mentira.

Así pues, según esta doctrina, la condición indispensable para la salvación del hombre es la regeneración, entendida como un segundo nacimiento en el estado divino, en la recepción del Nous. Para que esto ocurra, el hombre debe centrarse en lo inteligible, y no en lo sensible, llegando a la pureza moral, que se alcanza superando los doce vicios, que son: la ignorancia, la aflicción, la incontinencia, el deseo, la injusticia, la codicia, la mentira, la envidia, el fraude, la ira, la imprudencia y la malignidad. Todos ellos se pueden superar mediante las diez virtudes, que son: el conocimiento de Dios, el conocimiento de la alegría, la templanza, la fortaleza, la justicia, la generosidad, la verdad, el bien, la vida y la luz.

miércoles, 19 de enero de 2011

Principios del Hermetismo


La Tabla de Esmeralda

Aparte de los textos del Corpus Hermeticum, existe otro también atribuido a Hermes Trismegisto, y del cual se han encontrado predecesores en lengua árabe, llamado la Tabla de Esmeralda, en el cual se condensa, en quince sentencias, el secreto de la Gran Obra, que es el objetivo principal de la alquimia, una de las ciencias herméticas, de la que hablaremos más adelante. Al igual que los textos del Corpus Hermeticum, el lenguaje es críptico y solo una persona realmente capacitada es capaz de descifrarlo.

Reproducimos aquí la traducción latina de una traducción en griego, que es la más conocida junto con la traducción al árabe. Obviamente, en la versión en latín la esencia del texto ya casi se ha perdido y es casi imposible descrifrar la verdad que se revela en ella, por lo cual los herméticos buscan el original egipcio, que no se halla contaminado por los diversos cambios de una lengua a otra.

1.Verum, sine mendacio, certum et verissimum:
2.Quod est inferius est sicut quod est superius, et quod est superius est sicut quod est inferius, ad perpetranda miracula rei unius.
3.Et sicut omnes res fuerunt ab uno, meditatione unius, sic omnes res natae fuerunt ab hac una re, adaptatione.
4.Pater eius est Sol. Mater eius est Luna.
5.Portavit illud Ventus in ventre suo.
6.Nutrix eius Terra est, Pater omnis telesmi totius mundi est hic.
7.Vis eius integra est, si versa fuerit in Terram.
8.Separabis Terram ab Igne, subtile ab spisso, suaviter, magno cum ingenio.
9.Ascendit a Terra in Coelum, iterumque descendit in Terram, et recipit vim superiorum et inferiorum.
10.Sic habebis Gloriam totius mundi.
11.Ideo fugiet abs te omnis obscuritas.
12.Haec est totius fortitudinis fortitudo fortis, quia vincet omnem rem subtilem, omnemque solidam penetrabit.
13.Sic mundus creatus est.
14.Hinc erunt adaptationes mirabiles, quarum modus est hic. Itaque vocatus sum Hermes Trismegistos, habens tres partes philosophiae totius mundi.
15.Completum est quod dixi de operatione Solis.

Y esta es una traducción al castellano del texto en latín de la Tabla de Esmeralda, que al ser una traducción de una traducción de otra traducción, pierde una gran parte del sentido que quería transmitir el original:

1. Verdadero, sin falsedad, cierto y muy verdadero es
2. que lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para realizar los milagros del Único.
3. Y así como todas las cosas vinieron de Uno, por mediación de Uno, todas las cosas nacieron de este mismo Uno por adaptación.
4. Su padre es el Sol, su madre la Luna,
5. el Viento lo llevó en su vientre,
6. la Tierra fue su nodriza, el Padre de toda la perfección del mundo entero está aquí.
7. Su fuerza permanecería íntegra aunque fuera vertida en la Tierra.
8. Separarás la Tierra del Fuego, lo tenue de lo espeso, suavemente, con mucho ingenio;
9. asciende de la Tierra al Cielo y de nuevo desciende a la Tierra, y recibe la fuerza de las cosas que están arriba y de las que están abajo;
10. así obtendrás la Gloria del mundo entero,
11. y entonces huirá de ti toda oscuridad.
12. Esta es la fuerza fuerte de toda fortaleza, porque vencerá a todo lo sutil y en todo lo sólido penetrará;
13. así fue creado el mundo.
14. De aquí saldrán admirables adaptaciones cuyo modo es el que se ha dicho; por esto fui llamado Hermes Trismegisto, poseedor de las tres partes de la filosofía de todo el mundo.
15. Se completa así lo que he dicho sobre la obra del Sol.

Muchos autores bebieron de estas fuentes y reflejaron en sus obras la influencia que ejerció sobre ellos la filosofía hermética, entre ellos Ramón Llull, Nostradamus, Enrico Cornelio Agripa y muchos otros. Sobre todo a partir del Renacimiento proliferan tratados de diversas materias basados en los preceptos del hermetismo.

Los siete principios

El hermetismo asume siete principios, en los que se asientan tanto su filosofía como las ciencias ocultas:

Mentalismo: el todo es mente, el universo es mental.
Correspondencia: como arriba es abajo, como abajo es arriba.
Vibración: nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.
Polaridad: todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semi-verdades; todas las paradojas pueden reconciliarse.
Ritmo: todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve, como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.
Causa y Efecto: toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte o azar no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley.
Generación: la generación existe por doquier; todo tiene sus principios masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos. En el plano físico es a sexualidad.

miércoles, 12 de enero de 2011

El legado de Hermes Trismegisto


Orígenes del Hermetismo

Poco se sabe acerca del origen de esta escuela, que se pierde en la noche de los tiempos. Parece ser que fue el Egipto faraónico el lugar donde se recogió una tradición muy antigua, que según unos nació en el desaparecido continente de la Atlántida, y según otros vino de la India. Las enseñanzas pasaron después a la civilización griega, que se encargó de conservarla y transmitirla a través de los misterios órficos, los eleusinos, los pitagóricos y la filosofía platónica. Ya en la época del Imperio Romano, fueron los neoplatónicos y los gnósticos quienes difundieron el saber entre los cristianos, y de estos pasó a los árabes. De esta tradición provienen todos los saberes del hombre: la alquimia, la hechicería, la astrología, la simbología... Cada uno de los aspectos de las enseñanzas herméticas derivan en ciencias concretas; por ejemplo, de las investigaciones numéricas surgieron las matemáticas, la geometría y la música, mientras que la armonía de las esferas o música celeste tuvo su derivación en el arte, la mecánica y la astronomía.

Los herméticos deben su nombre a Hermes Trismegisto (literalmente “tres veces grande”). La figura de Hermes es tan misteriosa como el propio hermetismo. Se dice que era un representante de la casta divina, capaz de interpretar el mensaje de los dioses; de hecho, la palabra griega Hermes significa "intérprete". Podemos seguir su rastro atrás en el tiempo hasta el Antiguo Egipto, donde se le consideraba un rey y un sacerdote elegido por los dioses; gracias a él, Egipto se convirtió en el centro mundial de la sabiduría mística y desde entonces se le considera la tierra de los misterios y el ocultismo por excelencia. Su tradición fue recogida por los griegos, que lo relacionaron con el dios Hermes, que a su vez tenía relación con Thot, dios egipcio del conocimiento, y que compartía con el Hermes griego la capacidad para moverse en el mundo de los dioses y en el de los humanos, actuando como mediador o puente entre ambos mundos; según esta corriente, Hermes Trismegisto fue un avatar de Thot o del propio Hermes, mensajero de los dioses, que descendió al mundo de los hombres para guiarles a través de la sabiduría, y por tanto el hermetismo sería un saber revelado. Para los romanos fue Mercurio, símbolo de la sabiduría y el saber secreto. La versión de los hebreos apuntaba a un sabio astrólogo contemporáneo de Abraham, a decir de algunos profeta y fundador de la alquimia.

Por otra parte, también se pensaba que el nombre de Hermes Trismegisto no designaba a alguien individual, sino un conjunto de enseñanzas que nacieron en Egipto y fueron enriquecidas a lo largo del tiempo por las diferentes culturas que la acogieron. De hecho, la figura de Hermes se encuentra representada en la mayoría de las grandes culturas posterioresa la romana: para los nórdicos fue Thor, y los árabes lo identifican con Idris, que tiene relación con el personaje bíblico de Enoc, un profeta al que le fue revelada la ciencia de los números y se convirtió en el mayor sabio de su tiempo. Incluso los cristianos tienen su propia versión sobre el hermetismo, pues dicen que el arcángel Rafael se apiadó de Adán tras ser expulsado del Paraíso y le concedió la sabiduría para que pudiera volver al Edén por sí mismo a través del conocimiento.

Vemos entonces que el hermetismo se ve representado en los orígenes de toda cultura y en su mitología.



Corpus Hermeticum

Sea quien fuere este Hermes Trismegisto, el caso es que durante la Edad Media circuló el llamado Corpus Hermeticum, una colección de 24 textos sagrados escritos en griego, que contienen parte de la tradición egipcia que durante siglos se había transmitido de forma oral, y de esa manera sobrevivió hasta el Renacimiento, cuando cobró nueva fuerza con la traducción al latín de los textos y su primera versión impresa en 1471 gracias a la invención de la imprenta. Su comprensión resulta obscura, ya que su lenguaje es alegórico, y por ello requieren de un gran esfuerzo por parte del lector, así como una disposición espiritual. De ellos se desprende una parte teórica, denominada “filosofía hermética” y otra práctica, que recibe el nombre de “ciencias ocultas”.

Los textos que actualmente se conservan son los siguientes:

I. Poimandres
II. De Hermes a Tat Sobre el movimiento y el Universo
III. Discurso sagrado
IV. El Mar (La Crátera), La Unidad (La Mónada).
V. Que Dios no siendo manifiesto, es lo más manifestado.
VI. Que en sólo el Dios está el Bien y en ninguna otra parte está.
VII. Que la mayor desgracia es no conocer a Dios.
VIII. Que nada se destruye, y que es un error llamar destrucción o muerte a los cambios.
IX. Sobre el entender y el sentir : De que en sólo Dios está la Belleza y el Bien, y en ninguna otra parte está.
X. De Hermes Trismegisto: La Llave.
XI. La Inteligencia a Hermes.
XII. De Hermes Trismegisto a Tat. Sobre la inteligencia común.
XIII. De Hermes a su hijo Tat - Discurso secreto en la montaña . Del renacer y de la regla del silencio.
XIV. Carta de Hermes Trismegisto a Asclepio.
XVI. Definiciones de Asclepio al rey Amón.
XVII. Tratado incompleto y sin título.
XVIII. Sobre las trabas que ponen al alma las cosas que provienen del cuerpo.
XIX. Asclepio.
XX. La pequeña Apocalipsis

La mayoría de ellos circulan en griego durante la Edad Media, en lo que se cree que es una traducción del siglo II o III del original egipcio. A partir del siglo XV la mayoría se encuentran en una traducción al latín, hecha a partir de la traducción en griego; muchos buscan la versión en griego, pues piensan que en la traducción al latín se han omitido ciertos pasajes o bien no se ha hecho una traducción fiel.
Además, seguramente el lector se habrá dado cuenta de que falta el texto número XV. Nada se sabe acerca de él; se supone que el manuscrito se perdió, o bien que alguien lo mantiene oculto o lo ha destruido debido a que la verdad que se revela en él pondría en peligro a toda la humanidad si llega a ser conocida por alguien inadecuado.

Se puede leer una versión en castellano de estos textos en esta página web.

miércoles, 5 de enero de 2011

Herederos de Hermes

Hace ya seis meses que Nosolorol publicó de manera gratuita el librojuego Traición, que escribí para celebrar la nueva edición del juego de rol Aquelarre. Ya entonces dije que no había conseguido concluir la historia en los tres capítulos del libro, ya que había abiertas muchas líneas argumentales y apenas si podía cerrar alguna de ellas sin forzar la historia. Pues bien, he decidido continuarla, pero no en la ambientación de Aquelarre, sino en otra de propia creación, que gira en torno al Hermetismo, escuela ocultista que experimentó un auge durante la Edad Media y terminó de explotar en el Renacimiento, con la traducción al latín de gran cantidad de material proveniente, nada más y nada menos, que del Antiguo Egipto.

La razón por la que he decidido cambiar de ambientación es que quiero disponer de libertad para publicar los librojuegos en papel, cosa que no podía hacer con Aquelarre, puesto que Nosolorol está en posesión de la licencia. Por ello, he realizado los cambios pertinentes al sistema de juego y la historia para que case con la nueva ambientación. Se podría pensar que ahora la historia va a parecer más forzada debido a los cambios efectuados; pero resulta que esta nueva ambientación es inmanente a la historia en sí, es decir, que es fruto de la línea argumental principal, que iba a dar lugar a un nuevo sistema de magia para Aquelarre, tan amplio y diferente que, prácticamente, necesitaría de un suplemento entero para que pudiera entenderse. O sea, que ahora la historia, aunque sin duda seguirá recordando a Aquelarre, nace de lo que en verdad sería su ambientación genuina, la de los Herederos de Hermes.

Por tanto, a partir de ya, aquel que quiera puede tener el librojuego en papel a través de Lulu, y puede que más adelante también por Amazon.

Cada semana publicaré un artículo referente a esta ambientación, en el que el ocultismo lleva casi todo el peso, y que prácticamente se puede situar en cualquier época desde el Antiguo Egipto hasta la actualidad, pero que en el librojuego transcurre entre finales del siglo XIV y principios del XV, momento en el que el Hermetismo está recobrando gran importancia entre los sabios y ocultistas europeos.

Empezaré presentando la base de esta ambientación, en la que se basa el librojuego, que como mínimo dará otro más y quién sabe si también un juego de rol.




En tiempos inmemoriales hubo un gran sabio, un avatar de un ser del Plano Superior, al que muchos hoy conocen como Hermes Trismegisto. Aquel sabio trajo consigo una serie de conocimientos de origen divino, gracias a los cuales se construyeron las pirámides, se desarrolló la escritura y nacieron saberes como las matemáticas, la astrología y la alquimia. Aquel conocimiento mostró al ser humano el camino hacia la divinidad, pero muchos sucumbieron a su propio ego y lo utilizaron para ganar poder e influencia y dominar a sus semejantes. Aquello despertó la ira de algunos de los seres del Plano Superior, que se volvieron contra la humanidad y trataron de confundirla y corromperla; otros, sin embargo, siguieron creyendo en su bondad, pues al fin y al cabo eran la imagen del gran Demiurgo. A los primeros se les ha llamado demonios; a los segundos, ángeles o incluso dioses. Ahora, solo unos pocos hombres conservan pequeñas muestras del saber que nos transmitió Hermes; son los encargados de protegerlo, de impedir que caiga en manos de personas ambiciosas y ansiosas de poder, capaces de llevar a su perdición a toda la humanidad; son los Herederos de Hermes.

Toda esto proviene de la historia y las enseñanzas del hermetismo, la escuela ocultista más antigua que se conoce. Todo lo que rodea a esta escuela está envuelto en un halo de misterio, que sus propios seguidores fomentan y utilizan para protegerse. Ni siquiera sabemos con certeza quién fue ese Hermes.

Ya hablaremos de él. Ahora vamos a intentar aclarar lo único que nosotros consideraremos una certeza, aunque en realidad tampoco sea tal, sino que nos tomamos tal licencia para que la ambientación tenga al menos una base: la Hermandad Hermética. No debe entenderse la palabra "hermandad" como una cofradía o congregación, sino como una relación entre iguales. No existe ningún lugar en el que los herméticos se reúnan, y si lo hacen, desde luego no será en calidad de "herméticos", ya que es casi imposible saber si alguien se identifica con ellos; incluso sus símbolos son los suficientemente numerosos y heterogéneos como para que no todos los reconozcan. Lo que los une es el conocimiento del Corpus Hermeticum y su adhesión a la filosofía que de ellos se desprende; sin embargo, pueden servir a causas muy distintas y tener motivaciones que podrían incluso enfrentarles entre ellos; porque prácticamente hay tantas interpretaciones del Corpus Hermeticum como personas han llegado a leer alguno de los libros que lo componen. Su fin último es, resumiendo mucho, alcanzar la divinidad a través del conocimiento, pero aunque la meta sea idéntica, existen muchos caminos distintos que conducen a ella, o que creen que conducen a ella.

Eso no significa que los herméticos no se puedan unir entre sí, pero lo harían como también podrían hacerlo con otro tipo de personas, como un noble, un cabalista o un sacerdote. Utilizando un símil, podríamos compararlo con la relación que existe entre dos católicos: por el hecho de ser católicos no tienen por qué sentir simpatía entre sí, ya que uno puede ser noble y el otro plebeyo, uno castellano y el otro aragonés, e incluso interpretar algunos aspectos del cristianismo de manera distinta.

Ahora bien, todos ellos, sin excepción, creen que la salvación no se puede alcanzar mediante el simple ejercicio de la fe, sino a través del conocimiento, y que cualquiera tiene esa posibilidad. Por esa razón, durante la Alta Edad Media los herméticos fueron perseguidos por la Iglesia, aunque luego hubo una parte de ellos que aplicaron sus conocimientos a su religión, conciliando las diferencias. La importancia vital que para los herméticos tiene el conocimiento hace que sean grandes defensores y conservadores de todos los saberes de la humanidad, incluso de aquellos que podrían considerarse peligrosos en manos inapropiadas. Su forma de preservarlos de quienes podrían usarlos de mala manera, es el uso de metáforas y alegorías difíciles de interpretar; por eso la palabra "hermético" nos sugiere algo oculto y misterioso. Por desgracia, no solo ellos saben del poder que encierra el conocimiento: por un lado, algunos importantes miembros de la Iglesia, que los persiguen bajo el pretexto de combatir una corriente que consideran contraria al cristianismo, en realidad lo hacen para apoderarse de su conocimiento; por otro, existen personas que de alguna manera han llegado a conocer las maravillas que son capaces de obrar los herméticos, y persiguen con ahínco sus escritos con la única intención de incrementar su poder e influencia; por último, existen entidades sobrenaturales pertenecientes a un plano superior al de los humanos, a las que no les interesa que se atesore determinado tipo de conocimientos que podrían alterar algunos aspectos del cosmos o de su propio plano.

Esta es la razón principal por la que los herméticos no pueden unirse en sociedad como tales, pues pondrían en gran peligro incluso planos de existencia desconocidos para el común de los humanos, si se diera el caso de que algunos de los interesados se hicieran con sus conocimientos, o incluso que uno de los mismos herméticos, cegado por la ambición y el poder, robara los conocimientos de los otros; pues no son pocos los que confunden el acercarse a la divinidad con el poder absoluto y el sometimiento del cosmos a su propio arbitrio y parecer: son los llamados goéticos, herméticos corrompidos, de los que también hablaremos en su momento.

Pero baste esta introducción por ahora, pues mucho es lo que hay que decir, y muchas cosas nuevas las que debe descubrir quien desee adentrarse en los misterios de los Herederos de Hermes.