domingo, 5 de abril de 2009

Aetas Regum (II)

Segunda entrega de la serie sobre la época de los reyes romanos en la que se cuenta cómo se fundó la ciudad eterna.

Roma condita

Rómulo y Remo crecieron, y su padre pronto se dio cuenta que no estaban hechos para la tranquilidad de la vida campestre, pues se dedicaban a cazar por los montes y a perseguir a los ladrones. Se cuenta que por aquel entonces, en el Lupercal (cueva donde se cree que los gemelos fueron amamantados por la loba) situado en el monte Palatino, se celebraban unos juegos en honor al dios Pan traídos por Evandro (aliado de Eneas) desde Arcadia, donde, en el monte Liceo, los jóvenes corrían desnudos. Mientras los dos hermanos participaban en el juego, los ladrones, queriendo vengarse de ellos, les tendieron una emboscada. No pudieron con Rómulo, que se defendió valientemente, pero capturaron a Remo y lo llevaron al rey Amulio, acusándole falsamente de robar en los campos de su hermano Numitor en compañía de un grupo de bandidos. Al oír esto, Amulio ordenó llevar a Remo a Numitor para que le castigase. Fue entonces cuando Fáustulo, el pastor que había criado a los dos hermanos, temiendo por Remo, le reveló a Rómulo las sospechas que albergaba sobre ellos, pues pensaba que se trataba de los hijos gemelos de Rea Silvia que el rey Amulio había ordenado arrojar al río años atrás. Numitor también empezó a sospechar, cuando se enteró de que Remo tenía un hermano gemelo, que se trataba de sus nietos, y aprovechó tal circunstancia para recuperar el trono de Alba. Rómulo marchó a la ciudad con un grupo de pastores y atacó la casa del rey, y poco después se le unió Remo, que partió de la casa de Numitor con otro grupo.


Los hermanos mataron a su tío abuelo Amulio. En seguida, Numitor convocó una reunión en la que dio a conocer los crímenes de su hermano Amulio, la verdadera identidad de Rómulo y Remo, y además aprovechó para declararse artífice de la muerte de Amulio. Acto seguido, sus nietos entraron en escena y se dirigieron a él como rey de Alba, tras lo cual la multitud también lo aclamó como rey.

Tras este episodio en que devolvieron el reino de Alba a su abuelo, Rómulo y Remo decidieron fundar una ciudad en el mismo lugar en el que habían sido abandonados y criados. Pero aún había que dirimir quién de los dos daría su nombre a la ciudad y reinaría sobre ella. Se resolvió consultar a los dioses tutelares de aquel lugar; Rómulo subió al Palatino y Remo al Aventino, para consultar los augurios (así llamaban a los presagios que se obtenían mediante la observación del vuelo de las aves, método muy utilizado en cuestiones de suma importancia, como la elección de un rey). Se cuenta que, en primer lugar, seis buitres sobrevolaron el Aventino; pero cuando le anunciaban esto a Rómulo, que esperaba en el Palatino, doce buitres sobrevolaron su colina. Como acudieron al Palatino el doble de buitres que al Aventino, interpretaron que era Rómulo el que debía reinar. Así que, el día 21 de abril de 753 a. C., Rómulo fundó la ciudad de Roma en el Palatino, hecho que los historiadores romanos utilizan como referencia para el cómputo de los años; estamos, pues, en el año 1 a. u. c. (ab urbe condita, es decir, desde la fundación de la ciudad). Pero Remo no había quedado satisfecho con el curso de los acontecimientos, e instigó a la revuelta a la multitud que le había acompañado. Mientras luchaban contra Rómulo y los suyos, muy cerca de los términos de la ciudad, Remo, burlándose de la obra de su hermano, atravesó con facilidad sus límites; Rómulo, que lo vio, al instante se dirigió hacia él y lo mató. Se dice que entonces clamó Rómulo: "¡Así acabará cualquiera que ose atravesar mis murallas!"


Rómulo fortificó su ciudad y realizó sacrificios a los dioses mediante el rito albano, y a Hércules en el Ara Máxima mediante el rito griego. Este ara es la única construcción que data de tiempos anteriores a la fundación de la ciudad. Fue consagrada a Hércules por Carmenta, madre de Evandro, que profetizó que aquel héroe se convertiría en un dios. El mismo Evandro tuvo la oportunidad de estrechar la mano de Hércules, que le cedió una res de su magnífico rebaño para que hiciera el primer sacrificio en su honor.

Comentarios

Al igual que en Semina Romae asistimos a la intervención de tres dioses en la pre-historia de Roma, ahora son tres semidioses los que reclaman atención.

En primer lugar, aparece en escena el dios Pan, en honor al cual se celebra una fiesta en el Lupercal, en la que los jóvenes corretean desnudos, y Rómulo y Remo participan en ella. Este dios, que en realidad es un semidiós, ya que es fruto de la unión de Mercurio con la humana Dríope, tiene relación con la fertilidad, y en especial con los pastores y los rebaños, origen del pueblo romano. Su fama incluso se intensificó en la Edad Media, cuando la Iglesia aprovechó su aspecto inhumano, con cuernos y patas de cabra, para identificarlo unas veces con el mismo diablo, y otras con engendros llamados sátiros, nacidos de la unión de un íncubo (diablo masculino) y una mujer. Tanto en la época antigua como en la medieval se le otorga gran potencia sexual y se le tiene por un ser ordinario y traicionero. Los romanos, además, lo consideran un gran músico (mención especial a su famosa flauta de cañas llamada siringa por la ninfa del mismo nombre, que huyendo del lujurioso Pan fue convertida en un cañaveral por sus hermanas, tras lo cual Pan se hizo una flauta con ella), cazador y curandero. El hecho de que el fundador de Roma le rinda culto es muy significativo, pues el pueblo romano desde sus orígenes ha tenido una relación estrecha con la vida rural, que empieza a debilitarse a principios del Imperio, tal como comprobamos en las Geórgicas de Virgilio, que escribe para hacer renacer el amor de los romanos hacia el campo en una época en la que todo el mundo quiere vivir en la ciudad. Seguramente Livio es de la misma opinión, y piensa, como muchos otros autores, que es en el conocimiento de la agricultura y la ganadería donde reside la virtud de un pueblo romano que, sin embargo, se burla de los rustici, los hombres del campo.


No menos notable resultan las varias alusiones a Evandro, otro semidiós, hijo también de Mercurio, que llega a participar en la disputa entre Eneas y Turno, siendo favorable al primero. Él es quien instaura varios de los ritos griegos en la península itálica, entre ellos el de Pan y el de Hércules, tras llegar con un grupo de arcadios dirigidos por Palanteo, que se asentó en la colina del Palatino que lleva su nombre, donde posteriormente Rómulo edificó su ciudad.

Y es precisamente el hijo de Júpiter, Hércules, el tercer semidiós que hace su aparición como la primera divinidad a la que se consagra una construcción situada en Roma, con anterioridad a su fundación. Se trata del Ara Máxima, consagrada a Hércules por la ninfa Carpenta, madre de Evandro, que predijo que se convertiría en un dios. Resulta curioso que Aca Larentia, esposa de Fáustulo y madre adoptiva de Rómulo y Remo, se considere amante de Hércules; otros también creen que fue la loba que los amamantó (lupa en latín significa tanto loba como prostituta). En cualquier caso, Rómulo le rinde tributo al campeón griego como un dios por el rito griego, como hizo Evandro, homenajeando a un hombre que se convirtió en dios por méritos propios. Muchos creen que el Ara Máxima conmemora la victoria de Hércules sobre Caco, un pastor muy fuerte (un gigante en otras versiones) que intentó robar su ganado y cayó muerto a golpes de porra.


No podemos pasar por alto las numerosas veces que el número doce aparece en la mitología y la historia de Roma: los doce trabajos de Hércules que le valieron el estatus de dios, los doce buitres que sobrevolaron el Palatino, los doce lictores que nombrará Rómulo, los doce hijos de su madre adoptiva, Aca Larentia, que darán lugar a los doce fráteres arvales, doce son también los libros en los que se divide la Eneida, la ley de las doce tablas que representan el origen del derecho romano, los doce meses de su calendario... es sorprendente. Debe ser también un número muy importante para los teúrgos.


Por último, entramos de cabeza a la Edad de Hierro con un hecho atroz como es la muerte de un hombre a manos de su hermano gemelo. Este hombre, fundador de la que será la mayor potencia que haya conocido la humanidad, es la personificación del orgullo patrio y el espíritu conquistador de Marte, y será el último héroe mitológico de la historia, pues, como ocurrió con Eneas, nadie lo verá morir y se convertirá en un dios en una época en la que los héroes ya han desaparecido de la faz de la tierra.