martes, 15 de mayo de 2007

Lances, el juego de roles

Nosolorol Ediciones nos presenta esta joya que ha sido una de las revelaciones del año pasado en cuanto a juegos de rol se refiere. Lances es un juego de rol ambientado en el Siglo de Oro, bastante atípico, que representa un novedoso procedimiento y desarrollo del juego que le aparta ligeramente de los juegos de rol tradicionales.

Para empezar, el juego trata de simular una representación de teatro. De hecho, toda partida se divide en tres actos (planteamiento, nudo y desenlace), pero entre ellos se sitúan obras menores que vienen a ser pequeños intermedios. Así pues, la estructura de una partida de Lances es idéntica a la de una obra teatral del Siglo de Oro: loa, primer acto, entremés, segundo acto, jácara, tercer acto y baile.

La partida comienza con la loa. El Dramaturgo (así se denomina al master o director de juego) baraja las cartas. Cada jugador, por turnos, le dedica un elogio, y si el Dramaturgo lo juzga adecuado, le concede un punto (importante para la creación del personaje); de lo contrario, no se lo concede y pasa al siguiente jugador. Cuando se hayan asignado todos los puntos, se reparten las cartas (pues no se usan dados en esta partida, sino una baraja española, por supuesto). Una vez hecho esto, el Dramaturgo hace un breve resumen del argumento de la obra y enumera el reparto (los protagonistas) para que cada jugador pueda escoger el personaje que le apetezca interpretar. La loa termina con la presentación que cada jugador haga de su personaje, tras haber repartido los puntos entre sus características.

Tras el primer acto viene el entremés. Se trata de una pieza breve de tema jocoso, a menudo picaresco. Es una sola escena en la que intervienen solamente los jugadores, a los que el Dramaturgo les asigna previamente sus personajes.

Terminado el segundo acto, sobreviene la jácara. Lo primero que hay que hacer es titularla, pero en su título intervienen todos los jugadores. Empezando por el Dramaturgo, cada uno dice una palabra. Tras titular la jácara, se inician tres rondas en las que cada jugador, empezando de nuevo por el Dramaturgo, dice una sola frase en relación conel título. Las frases deben guardar una relación de manera que entre todos se cuente una historia.

Por último, tras el tercer acto, tiene lugar el baile, que consiste en una animada charla sobre la experiencia de la partida, o salir de fiesta.

Pero no solo el desarrollo de la partida resulta tan original. Como hemos apuntado antes, no se juega con dados, sino con una baraja española y arramacos (como en el mus), lo cual potencia sobremanera la ambientación del juego. Además, en cada acto todos los jugadores (incluido el Dramaturgo) deben expresarse siempre en verso. No hay que recitar poemas perfectamente medidos y rimados, solamente se trata de esforzarse un poco en buscar la rima, lo que favorece la ambientación y, a la larga, la diversión.

Con respecto al sistema de juego, este tiene, en mi opinión, una desventaja, y es que dependiendo del lugar que ocupe cada jugador en la mesa se verá beneficiado o perjudicado. Esto se intenta paliar rotando a los jugadores en cada acto, de manera que cada uno pueda ocupar un lugar ventajoso en la mesa durante la partida, pero la verdad es que le quita algo de gracia al asunto. La razón de esto es que se deben jugar las cartas consecutivamente, empezando por el jugador a la derecha del dramaturgo. Esto significa que el último jugador que participe en una jugada tiene clara ventaja sobre los demás al poder ver las cartas que han jugado. Tal vez sería preferible que todos los jugadores mostraran las cartas a la vez, pero esto solo es una apreciación personal.

Por lo demás, cada acto, por supuesto, se desarrolla como cualquier partida de rol. Cada jugador tiene su papel, y puede modificar el guión con sus actos o sus jugadas, guión que solamente está parcialmente preconcebido. Por este motivo, es necesario que el Dramaturgo tenga especial cuidado en la planificación del segundo, y sobre todo, del tercer acto, ya que las acciones de los jugadores en el primero pueden conducir la historia por derroteros muy diferentes a los que este pudiera haber previsto. Por ello, el Dramaturgo debe tener una habilidad especial para reconducir la historia si los jugadores se salen demasiado del argumento principal.

Se podrían decir muchas más cosas de este magnífico juego, pero solo añadiré un elogio más que merecido. La maquetación del manual es sublime. Cuando lo abrimos tenemos la sensación de estar hojeando un libro del siglo XVII. El papel ahuesado, el tipo de letra, el barroquismo de los bordes de las páginas y los marcos en los que se encierran versos de famosos autores de la época, las ilustraciones, el lenguaje utilizado en algunas partes y otros detalles como la página del título y la última, hacen que merezca mucho la pena gastarse los 14 euros que cuesta.

Sin temor a equivocarme, puedo decir que nos encontramos ante el juego con la ambientación más cuidada de cuantos he visto. No en vano, es precisamente su ambientación su punto fuerte, y se hace hincapié en numerosas ocasiones sobre la importancia de llevarla a la mesa, donde gracias a detalles como las cartas y las rimas nos costará menos de lo que pensamos meternos de lleno en la obra.

Así pues, al contrario de como haría en una partida de Lances, terminamos, en lugar de empezar, con una loa a la genialidad de sus autores. Que sigan por mucho tiempo sorprendiéndonos con sus ideas y su superlativa imaginación.

7 comentarios:

Javi dijo...

Bueno, sólo puedo decirte que muchas gracias por los comentarios. Me alegro mucho de que te haya gustado tanto el juego en todos sus aspectos.
Disfrútalo,

Javi

Archimago dijo...

Gracias a ti y a los demás autores por este juego y por lo que venga, y felicidades por haber parido tan excelente criatura ;)

René López Villamar dijo...

Vaya. He aquí un juego de rol que suena muy bien, en castellano, y del que no tenía ni la menor idea.

Gracias por la reseña

Tchupón dijo...

Yo,lo siento, pero no creo en los sistemas narrativos, aledaños y similares. Llamadme clásico, pero creo que se puede desarrollar una gran historia sin recurrir a requiebros de este tipo. Apuesto por una ambientación cuidada, un sistema de reglas agil y un buen master.
... y los fieles dados. Lo de las monedas y las cartas... pues no me pega. Quizás Castillo de Falkenstein, con esa soberbia ambientación, hubiera cuajado con un sistema decente. O Pendragón.

Viva el Cthulhu!

Archimago dijo...

Hombre, es que Lances no es un juego de rol normal, es algo diferente para echar un rato divertido. Al contrario de lo que ocurre en los juegos de rol tradicionales, no pueden jugarse campañas, ya que la obra comienza y termina en una única sesión que no se puede (o no se debe) interrumpir. Sirve muy bien para despejarse un poco, cuando estás un poco cansado de la sempiterna campaña de D&D que llevas meses jugando. Si le das una oportunidad un día que quieras probar algo diferente, verás qué divertido puede resultar.

PD: ¡Viva! (el Cthulhu)

Modelis dijo...

Por cierto, que a quien le guste el Lances y su época, se acaba de publicar el librojuego de Ricar Ibañez El Oro y el Acero, por los de Nosolorol. Un imprescindible para los fans de los librojuegos.

Anónimo dijo...

Vaya, un libro de rol muy, muy original...