viernes, 3 de abril de 2009

Aetas Regum (I)

Hace un par de años comencé a estudiar latín de forma seria, pero por mi cuenta. Así fue como descubrí al historiador Tito Livio, que en su Ab urbe condita narra de manera magistral las gestas romanas realizadas desde la fundación de la ciudad, con un relato emotivo de los hechos, centrado en la narración de las batallas, que le ha valido el renombre como uno de los mejores épicos de la historia. Tras concluir el primer libro de los más de ciento veinte que integran su inmensa obra (la mayoría de los cuales, por desgracia, se han perdido), me di cuenta de que la literatura fantástica hoy día no sería nada sin Livio. Es increíble hasta qué punto Tolkien copia literalmente a Livio y le imita en casi todo. Pues Livio, como historiador, no se puede decir que sea demasiado fidedigno, ya que, sobre todo en este primer libro, que versa sobre la época de los reyes romanos, las referencias históricas se mezclan con la mitología y hechos fantásticos, y además basa en ellos la procedencia de edificios notables, cargos y costumbres romanas.

Todo esto viene a cuento de algo que, desde que concluí la lectura del primer libro de Livio, ha estado rondando en mi cabeza: ofrecer un resumen de los hechos que se narran, pero atendiendo a los aspectos que más se pueden aprovechar como fuente de inspiración para aventuras en juegos de rol, y en concreto para Arcana Mundi. Así pues, es mi intención realizar un resumen de los personajes y hechos más importantes de esta parte de la historia de Roma, pero añadiendo ese "matiz teúrgico" del Arcana, presentando la información desde el punto de vista del Pacto. Lo haré en varias entregas en las que hablaré de cada uno de los siete reyes de Roma, desde Rómulo hasta Tarquinio el Soberbio. Todos los jugadores, especialmente los teúrgos, pueden leer este texto, ya que su conocimiento de la historia de Roma dentro del juego enriquecerá en gran medida la partida. Incluso se puede trasladar el marco histórico a la época de los reyes, haciendo partícipes a los jugadores de las épicas hazañas de este glorioso periodo de la historia de Roma.


Semina Romae

La Edad de Bronce, aquella en la que aparecieron los Héroes, ya tocaba a su fin, pero antes, el último de la estirpe de estos prodigiosos humanos nacidos de dioses, Eneas, debía cumplir la tarea que los olímpicos le habían asignado. Hijo de Anquises y la diosa Venus, el héroe troyano Eneas fue avisado por mediación de su divina madre de que los dioses tenían planes importantes para él: fundar una nueva Troya. Por eso fue protegido por ella en su huida de la ciudad, ya tomada por los griegos, y erró por el Mediterráneo hasta encontrar el lugar en el que debía asentarse, elegido por los dioses como muestra de su poder. Finalmente, tras un desafortunado incidente con la reina Dido de la nueva ciudad de Cartago (debido al cual los cartagineses y los descendientes de Eneas, futuros romanos, se jurarían odio eterno), Eneas llegó a Laurento, una zona del Lacio poblada por los llamados aborígenes, cuyo rey era Latino. Como Eneas y los suyos se dedicaron a cazar en sus campos, los aborígenes los tomaron como invasores, así que Latino reunió su ejército y salió a su encuentro. Apercibido de ello, Eneas organizó a los suyos y los puso en formación de batalla, a la espera de la llegada del ejército aborigen. Pero, cuando ambas fuerzas estaban frente a frente, Latino, rey prudente, mandó a sus generales a parlamentar con Eneas; así fue como se enteró de que se trataba de troyanos que habían sobrevivido a la destrucción de la ciudad, que buscaban un nuevo lugar donde asentarse. Sorprendido por la procedencia de aquellos hombres y por la nobleza de su jefe, el rey Latino trabó amistad con ellos y le ofreció a Eneas la mano de su hija Lavinia. Tras ello, Eneas fundó una nueva ciudad en el territorio de los aborígenes a la que llamó Lavinio, en honor a su esposa.


Pero esto llenó de ira a Turno, rey del territorio vecino de los rútulos, ya que Latino le había prometido a su hija antes de la llegada de Eneas. Sintiéndose ninguneado, declaró la guerra a los aborígenes y los troyanos. Nadie salió contento de la batalla que libraron: Turno y los rútulos fueron vencidos, y huyeron al territorio de los etruscos, cuyo rey, Mezentio, les recibió como aliados, ya que recelaba del creciente poder de los aborígenes; por su parte, los aborígenes perdieron a su rey Latino, y Eneas aprovechó la ocasión para proclamarse rey tanto de ellos como de los troyanos, uniendo ambos pueblos bajo el nuevo nombre de "latinos", en memoria del rey aborigen. Etruria era una gran potencia, reconocida en toda la península, pero Eneas no quería que la guerra se desarrollara cerca de sus murallas, así que sacó a su ejército de la ciudad y salió a batallar a campo abierto. Esta segunda batalla también fue propicia a los latinos, pero tras ella Eneas desapareció de la faz de la tierra y nadie volvió a verle.


Ascanio era el hijo de Eneas, nacido de su unión con su primera mujer, Creúsa, que había perecido en Troya. Cuando Eneas desapareció, Ascanio aún era demasiado pequeño para convertirse en rey; fue su madrastra, Lavinia, hija del difunto rey Latino, la que se hizo cargo del gobierno, y fue una gran regente, ya que entregó a Ascanio un reino mucho más próspero que el que había tomado bajo su mando, y que ni siquiera los etruscos se atrevieron a atacar, quedando como frontera natural entre ellos y los latinos el río Tíber (este río se llamaba Álbula, pero más tarde pasó a llamarse Tíber por un descendiente de Ascanio, Tiberino, que se ahogó en él cuando trataba de cruzarlo). Ya en el poder, Ascanio fundó una nueva ciudad a la que puso el nombre de Alba Longa, por estar situada en la alargada cresta del monte Alba. Cuando Ascanio murió, esta pasó a su hijo Silvio (llamado así porque nació en el bosque), y todos los descendientes de este rey llevaron ese sobrenombre: Eneas, Latino, Alba, Atis, Capis, Capeto, Tiberino (el del río), Rómulo (antepasado del otro Rómulo, fulminado por un rayo), Aventino (que dio nombre a la colina en la que fue enterrado); y llegamos a Proca, que tuvo dos hijos, Numitor y Amulio, siendo el primero de ellos el que recibió el reino por ser el mayor, pero su hermano, haciendo uso de la fuerza, le expulsó de Alba y mató a toda su progenie, con excepción de su hija Rea Silvia, de la que hizo una virgen vestal para que no tuviera descendencia y de esta manera eliminar la posibilidad de que engendrara aspirantes al trono.


Pero, al cabo del tiempo, Rea se quedó embarazada y dio a luz a gemelos, asegurando que eran hijos del dios Marte. Su tío, el rey Amulio, no se iba a achantar por que fueran hijos de un dios, y tras apresar a Rea ordenó arrojar a los bebés al Tíber. No obstante, el río se había desbordado, formando un estanque a los pies de la colina del Palatino, y como no se podía llegar hasta él, los esclavos del rey dejaron allí a los niños. Una vez que el estanque se secó, el pequeño lecho de madera en el que habían sido depositados los gemelos quedó en tierra firme. Una loba que bajaba al río para beber oyó el llanto de los bebés, se dirigió hacia ellos y los amamantó; así se los encontró un pastor llamado Fáustulo, que los recogió y se los llevó a su esposa Larencia para que los educara, dándoles los nombres de Rómulo y Remo.

Comentarios

Se observa en esta parte de la historia la intervención de tres dioses. Por una parte, Venus, de la cual, según la leyenda, desciende la dinastía Julio Claudia, se revela como génesis del pueblo romano, puesto que es la madre del héroe Eneas, del que desciende su fundador. Enfrente aparece Juno, enfrentada a Venus en la Eneida. Se dice que Juno sentía debilidad por la ciudad de Cartago, y que odiaba a los troyanos porque estaba escrito que sus descendientes causarían su destrucción; por eso, cuando se entera de que Eneas ha conseguido huir de Troya, pide ayuda a Eolo, rey de los vientos, para que cause una tempestad que destruya la flota del héroe troyano, pero entonces Neptuno calma la tempestad alegando que él es el rey de los mares, y que Eolo haría bien en controlar sus vientos si no quiere que se enfade...; más tarde, Juno es quien despierta la ira en Turno, rey de los rútulos, cuando Eneas es desposado con Lavinia, convirtiéndolo en su peor enemigo. Muchos dicen que este enfrentamiento entre Juno y Venus también esconde la antítesis entre el amor maduro y sincero del matrimonio, y la incontrolable pasión juvenil. En cualquier caso, finalmente Juno pasa a formar parte de la tríada capitolina, así que no hay razones para pensar que sea una diosa contraria a los romanos, ni que las dóminas y los vitalis mantengan un enfrentamiento por las razones expuestas.

Por último, se hace referencia a Marte como padre de Rómulo y Remo. No es arbitraria la elección de este dios como padre del fundador de Roma, pues como dios de la guerra, incitó en sus descendientes el ansia de conquista que la convirtió en la mayor potencia militar de su época. También veremos claros signos del carácter de Marte en Rómulo, en la siguiente entrega, que llega hasta el punto de anteponer el orgullo patrio al amor fraterno.

2 comentarios:

Adrián T. Rodríguez dijo...

Ave
Interesante aporte sobre el origen de Roma y Eneas ;). Así como la explicación de las intervenciones divinas de las tres deidades.

Es posible que tras las deidades se oculten sus “agentes” terrenales, que no son otros que los teúrgos de aquellos tiempos primigenios y frágiles, en su mayoría troyanos que comenzaban a sentir la influencia etrusca y la inclusión de los secretos religiosos de los aborígenes, rútulos y otros pueblos itálicos.

Esta información es muy útil para los lusitores e Iniciadores del Arcana.

Archimago dijo...

Gracias Adrián, es un placer contribuir a la formación histórica de los jugadores del Arcana ;)
Yo sólo podré formular hipótesis sobre el papel de los teurgos en la historia de Roma a partir de los indicios que encuentre en los textos de Livio, las Periochae, Eutropio y demás historiadores, pero al menos ahí estás tú para aclararnos cualquier cuestión y ofrecernos el punto de vista del Arcana Mundi.